OBRAS Y FRAGMENTOS
Hesiodo
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 13
HESÍODO
OBRAS Y FRAGMENTOS
TEOGONÍA - TRABAJOS Y DÍAS - ESCUDO - FRAGMENTOS CERTAMEN
INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ
Y ALFONSO MARTÍNEZ DÍEZ
h
EDITORIAL GREDOS
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.
Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra ha sido revisada por Luis ALBERTO DE CUENCA Y PRADO.
O EDITORIAL GREDOS, $. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1978.
A. Pérez Jiménez ha traducido las Obras y A. Martínez Díez los Fragmentos.
Depósito Legal: M. 34285-1978. ISBN 84-249-3517-9. Guatlex.
Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1978.—4895.
INTRODUCCIÓN GENERAL
1. Datos biográficos
La existencia real de Hesíodo no ha suscitado entre los investigadores las dudas que envuelven la figura se- milegendaria de Homero, si bien no faltan relatos fic- ticios sobre su origen, su vida y su muerte!. Es el producto de la mente creativa de quienes quisieron dar historia a los poetas cuyas obras son punto de arran- que para casi toda la literatura posterior.
Lo único seguro que sabemos de Hesíodo son las no- ticias que él mismo, fiel a las tendencias individualiza- doras que apuntan ya en su época, nos ha procurado en sus obras.
El padre de Hesíodo era un comerciante de la ciudad eolia de Cime que, arruinado, se trasladó a Ascra, en Beocia, donde adquirió alguna fortuna (Trabajos 631- 640).
La aceptación de la noticia sobre el viaje del padre de Hesíodo plantea ante todo un problema: ¿cómo se concilia el hecho de que, huyendo de Calcis por su po- breza, vaya a establecerse precisamente en Áscra?
! Para una exposición pormenorizada de todas esas leyen- das, cf. P. Mazon, Hésiode, Théogonie, Les Travaux et les Jours, Le Bouclier, París, 1928, págs. IX-XIV.
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Ya en la antigiiedad debió parecerle ridículo al his- toriador Éforo que el arruinado navegante buscara for- tuna en una aldea que el propio Hesíodo describe como «mala en invierno, irresistible en verano y nunca bue- na»? y cuyos pobres recursos económicos quedan de manifiesto a lo largo de todo el poema. Ante tal eviden- cia, las elucubraciones del historiador llevaron a con- cluir otra razón para aquella travesía: tal vez una huida por asesinato. Semejante hipótesis se basaba sin duda en el testimonio de los poemas homéricos, donde el destierro es el único camino de salvación para los que han matado a otro dentro del marco de la tribu y la pena corriente fuera del seno familiar. Aunque esta teoría no deja de temer simpatizantes en la crítica de nuestro siglo, su motivación es injustificada ?.
La posición de Ascra como centro de culto con festi- vales periódicos en honor de las Musas del Helicón *, explica mejor Jos atractivos de la aldea para el padre de Hesíodo. Tales fiestas debían suponer, como es na- tural, aglomeraciones de gentes venidas de otros luga- res que representaban una buena oportunidad para el comerciante avisado. Así el padre de Hesíodo, que había desempeñado en otro tiempo semejante profesión, debió pensar que el lugar era apropiado para reanudarla al tiempo que un pequeño lote de tierra, mal que bien, le proporcionaba suficientes medios para vivir con sus hijos sin necesidad de afrontar los riesgos de la nave- gación. Y que le fue bien es evidente a juzgar por la situación económica de que goza Hesíodo y por el he- cho de que la herencia legada por él permitiera una di- visión.
2 Trabajos 640.
3 Cf. P. WaLcot, Hesiod and the Near East, Cardiff, 1966, páginas 107 y ss.
4 Véase el testimonio de PAUSANIAS, Descripción de Grecia IX 29.
INTRODUCCIÓN GENERAL 9
Hesíodo mantuvo, al menos, un pleito con su herma- no Perses a causa de la herencia de su padre, y él fue quien salió perjudicado (Trabajos 27-41).
La cuestión relativa al pleito o pleitos entre Hesíodo y Perses, así como la existencia real de este último, tie- ne dividida a la crítica. Algunos autores niegan el ca- rácter verídico de ambos temas: Perses, y cuanto a él se refiere, no pasaría de ser un simple recurso poético para presentar el programa didáctico de Hesíodo ”. Sin embargo, no hay razón para negar la existencia de Per- ses si se tiene en cuenta que otras noticias biográficas insertas en los poemas parecen seguras. Además, la misma imprecisión con que Hesíodo nos habla de su hermano puede constituir un argumento a favor de su veracidad. «Si Perses únicamente existió en la imagi- nación de Hesíodo, ¿por qué no prefiere el poeta una situación mítica como base para sus consejos, al igual que Fénix en la /líada cuando trata de influir sobre el joven Aquiles, o como él mismo parece haber hecho en sus Máximas de Quirón?» $,
La iniciación poética de Hesíodo tuvo lugar en las laderas del Helicón mientras cuidaba sus rebaños (Teo- gonía 22-24). Cuenta Hesíodo que, mientras apacentaba sus ovejas por las laderas del Helicón, se dirigieron a él las Musas y luego le entregaron una rama de laurel a modo de cetro que simboliza la misión profética que le habían encomendado. Hesíodo parece creer firme- mente que ha recibido tal iniciación de las propias Mu- sas y a ellas dedicará, como veremos, el trípode logrado en los certámenes de Calcis. Pero, ¿cómo debemos en- tender la realidad de esta aparición de las Musas al
5 Esa es la postura, por ej., de H. MUNDING, Hesiods Erga in ihrem Verháltnis zur Ilias, Frankfurt, 1959, y de J. BLÚUscH, Formen und Inhalt von Hesiods individuellem Denken, Bonn, 1970.
$ P. WaLcor, Hesiod..., pág. 105.
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poeta? «Para la comprensión de vivencia tan extraña a la mentalidad moderna es preciso tener presente que Hesíodo compartía las creencias religiosas de los cam- pesinos de Beocia, los cuales, con cierta frecuencia, veían en los parajes agrestes a las Ninfas o quedaban nymphóleptoi, posesos por ellas; y conviene también no perder de vista que, como rapsodo, tenía la misma fe que Homero en las Musas. No es, por tanto, difícil ima- ginar que, mientras apacentaba sus ovejas en el Heli- cón, pasase por una experiencia análoga a la de sus paisanos y atribuyese el origen de la misma a las Mu- sas, cuya presencia numinosa creyó tan vivamente per- cibir, en aquellos parajes familiares, a pesar de poner la tradición en Pieria, al pie del Olimpo, la sede de éstas» ?.
Para la aceptación real del cetro que las Musas ofre- cen al poeta, valga la explicación de «que Hesíodo pen- sara, después de la visión, que su bastón de pastor se había transformado en báculo de cantor» *.
A pesar de que los poemas de Hesíodo coincidan en algunos tópicos con literaturas y poetas diferentes, la experiencia en sí es real. La existencia de paralelos an- teriores puede haber determinado al poeta en la mani- festación literaria de su vivencia, pero ello no implica que debamos desechar todo el relato como pura ficción poética. Tampoco la existencia de una disputa entre dos hermanos en un texto hetita impone el que negue- mos todo valor real al litigio entre Hesíodo y Perses para calificarlo de simple tópico literario.
Hesíodo, finalmente, participó como aedo en los jue- gos fúnebres de Anfidamante, rey de Calcis, y allí obtu-
7 L. GuL, Los antiguos y la «inspiración» poética, Madrid, 1967, página 23.
8 Cf. W. J. VERDENIUS, «Notes on the Proem of Hesiod's Theogony», Mnemosyne 23 (1972), 225-260.
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vo como premio un trípode que dedicó a las Musas del Helicón (Trabajos 650-662).
Esta última noticia ha encontrado escasa oposición entre los críticos y es uno de los principales argumen- tos que se esgrimen para situar cronológicamente a nuestro poeta. El material arqueológico demuestra la existencia de competiciones poéticas semejantes en jue- gos fúnebres de finales del siglo vIII y principios del vir antes de Cristo. En Atenas, por ejemplo, han aparecido cinco trípodes beocios, fechables entre 700-600 a. C., que prueban cómo estos certámenes atraían participantes de diversas localidades de Grecia. Es muy importante un fragmento aparecido en Tebas con una inscripción cuyo tipo de letra nos remonta a los primeros años del si- glo vil a. C.; por ella sabemos que fue ganado en los juegos fúnebres de un tal Ecropo y que lo dedicó Isódi- co a Apolo. Estas ilustraciones arqueológicas ratifican, pues, la verosimilitud del viaje de Hesíodo a Calcis?.
2. El problema cronológico
La datación cronológica de Hesíodo ofrece diferen- cias muy acusadas según las opiniones de los distintos autores. Es exagerada la cronología que, basándose en la posición de los astros, calcula su vida hacia el si- glo Ix a. C.; esta argumentación astronómica sólo nos proporciona una fecha post quem, 850 a. C., que el con- tenido mismo de los poemas rebaja por lo menos en un siglo. En el otro extremo están los autores que sitúan a Hesíodo más cerca de Solón que de Homero o se limitan a dar como fecha ante quem la época de Semó- nides de Amorgos, segunda mitad del siglo vII y pri- mera del vi a. C. Dentro de posiciones intermedias, la
2 Véase P. WaLcor, Hesiod..., págs. 119-120.
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pugna más enconada se libra entre quienes sostienen que la composición de la Teogonía tuvo lugar en el último tercio del siglo vit y los que son partidarios, por el contrario, de la primera mitad del siglo vit a. C. Veamos algunos de los puntos sobre los que gira el de- bate *,
Sabemos que en la fundación de Cumas, primera co- lonia griega en Italia, fechada en 750 a. C., intervinieron hombres de Calcis, Eretria y Cime. Apoyándose en la actividad colonizadora de la Cime eolia, de la que se dice «haber establecido las colonias más antiguas en tierra extranjera» como, por ejemplo, Side en Panfilia, es posible creer que los cimeos que colaboraron en la colonización de Cumas eran de esta Cime y no del puerto eubeo del mismo nombre!!, Partiendo de aquí, también es posible identificar a estos colonos cimeos con los emigrantes arruinados que llegaron a Grecia junto con el padre de Hesíodo. A diferencia de aquél, que bien pronto se estableció en la aldea beocia de As- cra, algunos debían encontrarse sin acomodo cuando se preparaba la expedición y se enrolaron en ella. Si así fuera, podríamos afirmar que el padre de Hesíodo llegó a Beocia pocos años antes del 750 a. C., con lo cual habría que fechar la acmé del poeta hacia 730 a. C. Sin embargo, la poca seguridad de los datos en favor de semejante teoría hace muy arriesgada cualquier afir- mación en este sentido.
El material arqueológico, como punto de partida para fechar la Teogonía, presenta también muchas limita- ciones. Ya de por sí la propia identificación de las fi- guras representadas en la cerámica de principios del si-
to Cf., además del cap. V de la obra de P. WaLcorT, Hesiod..., M. SCHWABL, «Hesíiodos», en Paulys Real. Enc. Suppl. 12 (1970), 434-486.
1! A. R. BURN, The World of Hesiod, a study of the greek middle ages c. 900-700 b. C., Londres, 1936, pág. 180.
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glo vir a. C. se expone a graves errores de interpreta- ción. La dificultad se agranda al querer ver en dichas figuras determinadas escenas del poema en cuestión. Y siempre cabe la posibilidad de que la tradición sea fuente independiente de inspiración para la obra litera- ria y para la representación artística. De todos modos, creemos que los restos arqueológicos pueden ser utili. zados como argumento secundario en favor de una fe- cha relativamente temprana ?.
Otro tema que ha planteado serias vacilaciones a la crítica moderna es el de la relación entre Hesíodo y Arquíloco. La leyenda antigua hacía a éste hijo de aquél, transformando así en filiación real la filiación literaria que siempre se ha reconocido en la poesía de ambos. Un análisis real de la poesía por nosotros conservada lleva efectivamente a poder afirmar que la inspiración de Arquíloco apunta a los elementos más personales de la poesía de Hesíodo: el prólogo de la Teogonía, las reflexiones sobre dioses y hombres y las descripciones de la vida en las estaciones. Existe un conocimiento perfecto de Hesíodo por parte de Arquíloco, pero en una actitud vital radicalmente distinta a la de su ante- cesor: Arquíloco «conocía las ideas morales y religiosas de Hesíodo, pero no creía en la justicia divina» %. Tene- mos aquí, pues, una prueba más en contra de la crono- logía tardía de Hesíodo.
Ya en la antigiiedad era objeto de discusión el tema de si Hesíodo era anterior a Homero, éste a aquél o contemporáneos. Esta última actitud debió ser la res- ponsable del famoso Certamen, que interpreta la vic- toria de Hesíodo en Calcis como superioridad de la poesía hesiódica sobre la de Homero. Actualmente, se- guimos encontrando simpatizantes para las tres postu-
12 Cf. P. WaLcor, Hesiod..., págs. 110-114. 1 Th. BREITENSTEIN, Hésiode et Archiloque, Odensa, 1971, pá- gina 59.
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ras. Quienes defienden la prioridad de Hesíodo, aducen como prueba de autoridad el testimonio de los autores clásicos que citan en este orden a los poetas más anti- guos: Orfeo, Museo, Hesíodo y Homero. Además, en Homero habría datos que la arqueología demuestra posteriores al 700 a. C., como la táctica hoplítica y el escudo de Agamenón con la Gorgona descritos en la Ilíada, el broche de oro de Odiseo, la súplica de Teano o algunas partes de la «Nekyia» **, Otros autores sitúan a Hesíodo en la misma época que Homero o como puen- te entre la Ilíada y la Odisea: «Un punto de vista plau- sible es el pensar que la /líada recibió aproximada, pero no exactamente, la forma en que ahora la tenemos en el siglo vrirI a. C., más probablemente en la segunda mitad del siglo que en la primera; que Hesíodo floreció una generación después, poco más o menos; y que la Odisea fue compuesta a su vez una o dos generaciones después de Hesíodo» *”. Con todo, la evidencia favorece la creencia más general de que Homero es anterior a Hesíodo, tal vez de principios del siglo vIt1 a. C., o todo lo más de finales de siglo. Sea como fuere, la actividad de ambos poetas es independiente. La poesía homérica se desarrolla en Jonia y la de Hesíodo en Beocia, reco- giendo ambas una tradición que se remonta a la koiné
14 Cf. M. L. Wesr, Hesiod, Theogony, Oxford, 1966, pág. 46. No comparte tales argumentos G. P. EDWARDS, The Language of Hesiod in its traditional context, Oxford, 1971, pág. 205: la táctica hoplítica puede pertenecer al siglo vii a. C. igual que el escudo de la Gorgona; para el broche de Odiseo, no hay pruebas convincentes; la súplica de Teano no depende de la fuente atenense del siglo vi a. C. postulada por algunos ar- queólogos.
15 M. I. FIiNLEY, The World of Odysseus = El mundo de Odi- seo [trad. M. Hernández Barroso], La Habana, 1970, pág. 4, con el cual coinciden F. SoLMSEN, Hesiod and Aeschylus, Nueva York, 1967 (= Ithaca, 1949), y Wade-Gery, The Poet of the Iliad, Cambridge, 1952.
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cultural de la última época micénica, pero que durante los siglos oscuros ha evolucionado de forma diferente *,
El punto más importante, y tal vez el más discutido, para la fijación cronológica de Hesíodo está constituido por la relación del viaje del poeta a Calcis con algún momento de la Guerra Lelantina. Un primer problema: la identificación del rey Anfidamante en cuyos juegos fúnebres participó Hesíodo. Si efectivamente se trata del rey muerto en la batalla naval con los eretrios de que nos habla Tucídides (1173) y del rey calcidio que pereció en la Guerra Lelantina al decir de Plutarco (Moralia 153F), todo se resolvería conociendo la fecha concreta de esta guerra. Pero la cronología del conflic- to es objeto de serias discusiones y las fechas que se proponen oscilan entre el siglo viI1I y el vi a. C.*. Un dato permite identificar al Anfidamante de Hesíodo con el de la batalla naval aludida por Tucídides: los hijos de Anfidamante difícilmente habrían podido quemar en los juegos el cuerpo real de su padre; en efecto, entre la convocatoria de tales juegos y la celebración de los mismos debió mediar el tiempo suficiente para que He- síodo y otros participantes de lugares más apartados que Beocia pudieran llegar a Calcis. Que no se trata de un culto tradicional a algún antepasado es evidente por la forma en que Hesíodo se refiere al aconteci- miento, como un suceso especial y no periódico. Así, la dificultad que entraña el hecho de que se trate de unos
16 Cf. J. A. NOTOPOULOS, «Homer, Hesiod and the Achaean heritage of oral poetry», Hesperia 29 (1960), 177-197, J. De Hoz, «Poesía oral independiente de Homero en Hesíodo y los him- nos homéricos», Emerita 32 (1964), 283-298.
1? Es el eterno dilema de la cronología antigua, una datación baja, sostenida por Beloch y Meyer, entre otros, frente a otra más alta, propugnada por Bengston y Forrest. Cf. G. P. Ep WARDS, The Language..., pág. 204, y G. TEDESCHI, «La guerra le- lantea e la cronologia esiodea», en Studi L. A. Stella, Tries- te, 1995, págs. 149-168.
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juegos especiales por un rey muerto, pero sin que en ellos se queme un cadáver, se resuelve pensando que muriera en batalla naval. De todos modos, la hipótesis en que debe fundarse la identificación de este Anfida- mante y las dificultades que rodean la fijación crono- lógica de la batalla en que murió, impiden llegar a una conclusión segura.
A la vista de los datos y teoría expuestos, lo único que podemos afirmar es que Hesíodo vivió en algún momento del siglo VIII, en su segunda mitad, o como máximo en el primer cuarto del siglo VII, pero no hacia el 650 a. C., como pretenden algunos, ni mucho menos en época posterior.
3. El mundo de Hesíodo
La gran aportación del siglo vir a. C. a la historia de Grecia es la consolidación de la polis. Se han buscado frecuentemente las causas de este fenómeno de tanta trascendencia para la evolución posterior del mundo heleno, pero la oscuridad que envuelve la época com- prendida entre la desaparición de las monarquías micé- nicas y el establecimiento de las sociedades aristocrá- ticas, siglos XII-IX a. C., no permiten conocer en forma clara y precisa sus orígenes.
Se supone que la polis como estructura social surge en Jonia en algún momento del siglo v111. Hay razones para creer que así fue: Asia Menor aparece como meta de emigraciones desde finales del II milenio a. C. y después, siglos X-1x, de una desorganizada expansión de aqueos que probablemente huyeron cuando comenzaron a asentarse los invasores dorios (XI1-XI). «Como resul- tado de este hipotético nuevo movimiento, se empren- dió sin duda una considerable expansión de estableci- mientos. Los habitantes de las ciudades que databan de
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la primera oleada de migraciones —Samos, Mileto, Te- nos, Priene, Éfeso, Colofón, Lébedos— debieron colo- nizar nuevos lugares como, por ejemplo, Clazómenas; las áreas no jonias —Antigua Esmirna, Quíos, Focea, Eritrea— debieron ser ocupadas por los jonios» %,
Es posible que las primeras fundaciones, en la última época micénica, mantuvieran la organización y tradicio- nes del lugar de origen y que fueran dirigidas por ba- sileis, que establecen sociedades parecidas a las micé- nicas, aunque en un marco más cerrado y orientado a la defensa del medio hostil en que se asientan. En ellas debió mantenerse la estructura tribal y los cultos de la ciudad que los envía. Ello explicaría la coincidencia en- tre los nombres de las tribus atenienses y los de la Jonia asiática, así como la celebración de algunas fies- tas —las Apaturias, por ejemplo— comunes a Atenas y otras ciudades de Asia Menor.
Pero la llegada posterior de esa segunda oleada, que tiene por característica su desorganización, la actividad comercial de estos centros y la ocupación de ciudades no jonias debieron borrar los lazos de parentesco que unían a los miembros de la antigua sociedad. Así, al verse obligada la ciudad a acoger en su seno elementos extraños a las tribus tradicionales, el ideal de polis sustituye al antiguo ideal de parentesco de que hacen gala los héroes homéricos.
Este fenómeno pudo ocurrir antes en la Grecia asiá- tica por sus especiales características. En cuanto a la Grecia continental, las causas que luego examinaremos son las que determinarán el cambio a lo largo del si- glo vI11 y parte del vit a. C.
El aspecto más sintomático en este sentido será la reorganización de la fratría que, desaparecida o redu-
18 C. G. THOMAS, «The Roots of Homeric Kinship», Histo- ria 15 (1966), 403.
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cida a un puro nombre durante los siglos precedentes, tiene en el siglo vI1 un carácter artificial: debe englo- bar a los nobles que conservan tradición de su linaje, a aquellos que la han perdido en una época de grandes dificultades sociales y económicas y a los nuevos ricos que logran una elevada posición gracias al comercio o la industria.
Analicemos ahora otros aspectos fundamentales para entender mejor el nacimiento de la polis griega y que contribuyen a una más clara comprensión de los poe- mas de Hesíodo.
La base económica de las comunidades griegas du- rante los siglos oscuros era la agricultura. El comercio marítimo había quedado en manos de los fenicios desde la desaparición de la civilización micénica y los pocos datos que tenemos no permiten suponer una actividad griega de este tipo hasta finales del siglo IX O princi- pios del vin a. C.
En esta época encontramos los primeros enclaves co- merciales griegos, eubeos concretamente, en Oriente y Occidente. Por Oriente encontramos cerámica de Cal- cis, de comienzos del siglo vit a. C., en Al-Mina y otros lugares de la costa siria; en Occidente, Pitecusa, una isla de la bahía de Nápoles, da testimonio del comercio griego con los etruscos en el primer cuarto del si- glo vin. Años más tarde, hacia 750 a. C., calcidios, eretrios y cimeos fundan la primera colonia griega de Italia, Cumas.
Si, como parece, las causas de estos primeros encla- ves fueron principalmente económicas —obtención de metales principalmente—, la cadena de colonias funda- das durante todo el siglo y parte del siguiente obedece además a circunstancias sociales y políticas '. Hay que
12 Cf. A. GRAHAM, «Patterns in early Greek Civilization», Journ. of Hell. St. (1971), 35-47.
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subrayar el hecho de que la vanguardia en la coloniza- ción corresponde a poblaciones con pocas tierras culti- vables: Calcis, Eretria, Corinto y Mégara.
Después de Cumas, los calcidios fundaron en Italia las colonias de Naxos, 734 a. C., al pie del Etna; Zancle (730 a. C.) les da el dominio del estrecho de Sicilia junto con Regio, otra colonia suya fundada tal vez el mismo año en la península. Más tarde, los calcidios de Naxos se establecerán a su vez en Catana y Leontinos. Por el norte del Egeo se orientan hacia la península que de ellos recibirá el nombre de Calcídica, con más de treinta asentamientos.
Las eretrios, que habían colaborado también en la fundación de Cumas, se establecen en Corcira, antes del 733 a. C., y Metona (730 a. C.) y otros lugares de la Calcídica.
Los corintios, siguiendo la ruta de su aliada Calcis, fundan Siracusa hacia 733 a. C., y en ese mismo año se apoderan de la colonia eretria de Corcira.
Los megarenses se establecen en Sicilia con Mégara Hiblea, 730 a. C., y desde allí se abren paso hacia Seli- nunte. Por el Egeo, fundan en la Propóntide Trotilón (728 a. C.), Ástaco (710 a. C.), Selimbria y Calcedón (685 a. C.) y, ya en el segundo cuarto del siglo vit, en 667 a. C., la ciudad de Bizancio. Dominada así la en- trada al Ponto Euxino, emprenderán posteriormente la colonización del mar Negro en colaboración con los de Mileto.
Esta ciudad jonia, en una primera fase, fundó las colonias de Sínope y Trapezunte (757 a. C.), y Cícico, 756 a. C.; a fines de siglo hubo un movimiento de ci- merios hacia las costas del mar Negro que afectó a dichas colonias milesias. Durante la primera mitad del siglo v11 a. C., Mileto vuelve a reconstruir las ciudades de Cícico (679 a. C.) y Sínope, destruidas por los cime-
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rios. Ello explica las divergencias de la tradición en cuanto a la fecha fundacional de estas colonias.
Los aqueos, partiendo de Zacinto, se establecen en Italia con colonias como Síbaris (720 a. C.), que hacia el 700 a. C. funda a su vez Posidonia, Crotona (708 a. C.) y Metaponto.
Finalmente, los rodios se asientan en Sicilia, donde fundan Gela en 688 a. C. El borde meridional de la isla quedaba en manos de los fenicios. Por el norte del Egeo, Potidea es la colonia doria más importante a comienzos del siglo vir a. C. Poco después del 700, la isla de Paros envió una colonia a Tasos, en cuyas luchas con los tracios intervino Arquíloco.
El Oráculo de Delfos, íntimamente ligado al fenóme- no de la colonización, cobra importancia a partir del siglo VII a. C. y jugará un papel destacado en la polí- tica interna y externa de las ciudades griegas.
La tesis tradicional que hacía depender del templo délfico de Apolo el control y desarrollo de la coloniza- ción, no es del todo cierta: «Al comienzo es sin duda verdadero que más contribuyó la colonización al auge de Delfos que éste al de la colonización» %. Además, la actividad del Oráculo no va ligada a la de todas las metrópolis griegas. La fundación de Cumas, por ejem- plo, no tiene ninguna conexión con el dios y sólo más tarde, por recomendación de Corinto, los calcidios soli- citarán su aprobación para fundar Naxos y Regio.
Delfos, en esta primera etapa de la historia griega, aparece como santuario común de Corinto —su promo- tora a comienzos del siglo vin a. C.—, Calcis, Tesalia y Esparta. Además de estos cuatro estados parece que fue consultado alguna vez por Paros, Frigia, Rodas y Creta. Pero no hay testimonio de que lo fuera por ciu-
22 W. G. FORREST, «Colonization and the Rise of Delphi», His- toria 6 (1957), 174.
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dades tan emprendedoras como Eretria, Mégara y Mi- leto. En cuanto a los aqueos, es significativo que Síbaris ——<uyo fundador procedía de Hélice, de donde Mileto tomó su culto a Posidón Heliconio— diera a su colonia el nombre de Posidonia. Para explicar esta falta de contactos con Delfos por parte de los eretrios, mega- renses y milesios, hay que echar mano de las guerras que, mantenidas durante el siglo vItI entre calcidios y eretrios, corintios y megarenses, espartanos y mese- nios, etc., dividen al mundo griego en dos bandos du- rante la Guerra Lelantina. Otros argumentos, como el de la lejanía de Mileto respecto de la Grecia continen- tal, no valen para sostener la inhibición de Eretria, Mégara y los aqueos que fundaron Síbaris.
Delfos, patrocinado en su nacimiento por Corinto, aparece así al lado de los calcidios, tesalios, espartanos y corintios, y sólo más adelante, bien entrado el si- glo vir, comenzaría a intervenir en los asuntos de los demás griegos debido al prestigio alcanzado durante la colonización.
La anterior enumeración de establecimientos, realiza- dos todos ellos en poco menos de un siglo, da ya idea de la efervescencia social y económica que atravesaba Grecia en esta época.
Las metrópolis importaban, sobre todo, de sus colo- nias artículos de primera necesidad y materias primas: cereales, pescado, metales preciosos, marfil, ámbar, es- taño, cobre, madera, lana y pieles. En cambio exporta- ban vino, aceite y productos de artesanía: orfebrería, bisutería, herramientas, armas, embarcaciones, paños, cerámica, perfumes y ungiientos ?!,
Esta relación sumaria de importaciones y exportacio- nes permite suponer que la base económica de la so-
21 Véase P. LÉvéQque, L” Aventure grecque = La aventura grie- ga [trad. P. MuLer], Barcelona, 1968, pág. 119.
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ciedad homérica, la agricultura, deja de ser la única fuente de ingresos de las ciudades griegas. La artesanía y el comercio serán desde ahora otras alternativas para hacerse rico, aunque no logren desbancar el prestigio social de la agricultura, y todavía a principios del si- glo vI a. C. veamos a Solón establecer sus categorías de población de acuerdo con la riqueza agrícola.
En la época micénica, la unidad política establecida consistía en una monarquía centralizada. Estas monar- quías, claramente conectadas con las orientales, eran dirigidas por un wánax, que tenía carácter semidivino y controlaba todo el poder religioso, militar y político. Del wánax dependían los jefes de las aldeas, los bastleis, cuya posición no está muy clara, pero que al parecer eran una especie de funcionarios sin ningún carácter sagrado. Es probable que se tratara de los antiguos jefes de tribu a los que el wánax, uno más de ellos en principio, habría impuesto su estructura burocrática.
Cuando vuelve a cobrar fuerza la antigua sociedad tribal a raíz de las invasiones dorias, estos jefes locales se convierten en la más alta magistratura política de los enclaves micénicos respetados por los invasores. Los basileis son también los que dirigen las primeras migraciones hacia la otra orilla del Egeo y dan naci- miento a las monarquías que refleja Homero en sus poemas. Del análisis de estos poemas se desprende que «los reyes homéricos desempeñan la función de basileis, no de wánaktes; es decir, son caudillos de áreas geo- gráficas más limitadas que controlan sobre todo por su propio prestigio real y prerrogativas, no como monar- cas semidivinos que dirigen una red de funcionarios burócratas» 2. Lo cierto es que rondando el siglo VIII antes de Cristo los testimonios parecen indicar un de- clive de la institución monárquica. La desaparición del
2 C. G. THoMas, «The Roots...», pág. 400.
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rey va unida a las causas que determinan el nacimiento de la polis. Hay que destacar, además, la debilidad del rey inherente a su posición heredada: los reyes en la tierra, al igual que Zeus en el cielo, encuentran restric- ciones a su poder en el peso de la tradición y las cos- tumbres tribales %. La voz de los nobles y la del pueblo cuentan ya en Homero, aunque todavía no tengan un papel decisivo. De otra parte, el desarrollo económico, las fundaciones de colonias y la serie de guerras que llenan la segunda mitad del siglo vitr a. C., requieren líderes, al tiempo que el pueblo, cuya participación en el ejército es cada vez más activa, va tomando concien- cia de su subordinación a un jefe y le exige ciertas con- diciones como tal. Ya no es suficiente el derecho en- cestral de herencia, sino que el rey debe estar revestido de unas cualidades personales que le hagan aceptable a toda la población.
Paralelamente, aumenta el prestigio de los nobles que rodean al monarca y que en Homero constituyen el Consejo: «Los basileis mo están por encima de sus com- pañeros de tribu ni en intereses económicos y políticos, y aparentemente su plan de vida y costumbres sociales no difería radicalmente de los de las clases altas que combatían junto a ellos». Alcínoo tiene en cuenta en sus decisiones al Consejo y es uno más, el primero entre iguales.
Así, desde principios del siglo vrIII a. C., encontramos los estados griegos gobernados por una de las princi- pales familias aristocráticas. Hesíodo dará el nombre de basileis, en plural, a todos los aristócratas de Tes- pias que detentan el poder y administran la justicia. En Atenas, ya desde antiguo, los Eupátridas eran los
2 Cf. CH. G. STARR, «The Decline of the Early Greek Kings», Historia 10 (1961), 129-138, 2 CH. G. STARR, «The Decline...», pág. 131.
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que gobernaban. Entre ellos se elige anualmente el ba- sileus y los demás arcontes desde que el legendario Codro dimitió pacíficamente de la corona. En Corinto, el clan de los Baquíadas, que descienden de los Hera- clidas, tiene el monopolio del poder desde mediados del siglo vi1I hasta el 657 a. C., en que son desbancados por Cípselo. Los Baquíadas eran en total unas doscientas familias que practicaban la endogamia, cuidándose de conservar la pureza de su sangre. Ellos dirigen toda la actividad colonizadora e industrial de Corinto en esta época: Arquias será el fundador de Siracusa, y Quersí- crates el que ocupa Corcira. La situación de Esparta, con sus dos reyes, es muy especial. «Que la doble mo- narquía de Esparta no fue probablemente una peculia- ridad, anterior a la invasión, de las instituciones políti- cas dorias, puede verse en el hecho de que la doria Corinto, por ejemplo, sólo conoció un rey y en que Ta- ras, una colonia espartana, tuvo un solo monarca de poder muy limitado. Más bien debió surgir en Esparta como resultado de exigencias particulares igual que en otras ciudades-estado se crearon diferentes magistrados para atender a otras necesidades particulares. Esta exi- gencia puede haber sido el sinecismo de Esparta y Ami- clas, que estuvo gobernada por un monarca aqueo su- perviviente; puede haber sido la limitación de un rey por otro cuando era imposible destruir la monarquía; puede haber sido el resultado de un movimiento repu- blicano de la aristocracia» %. Citemos por último la fa- milia de los Alévadas en Larisa, Tesalia —del rey Alevas el Rojo tenemos noticias en la segunda mitad del si- glo vi a. C.— y los Pentílidas de Mitilene derrocados por el tirano Melancro a finales del vii a. C.
Estas familias aristocráticas habían logrado acabar con el antiguo monarca apoyándose en el pueblo, a
2 C. G. THOMAs, «The Roots...», págs. 396-397.
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cambio de pequeñas concesiones; pero será también el pueblo la causa más importante de su crisis cuando, por abuso del poder de los aristócratas, aquél, bien di- rigido por un noble o no, les imponga un tirano que se llame Cípselo, Melancro, Periandro o Pisístrato.
En el siglo pasado, se hacía depender la colonización del desarrollo económico y social, como búsqueda de nuevos mercados para una producción excedente; ac- tualmente, más que como solución, la actividad coloni- zadora se ve como estímulo de esa producción, y fruto de ella es la aparición de una clase media industrial y mercantil que comienza a pedir derechos a la aristocra- cia %, He aquí uno de los fenómenos más importantes de la Grecia arcaica. La exigencia de productos de ar- tesanía, canjeables por los cada vez más escasos de primera necesidad, tiene por consecuencia la prolifera- ción y el enriquecimiento de alfareros, carpinteros, he- rreros y comerciantes; todos ellos, junto con los cam- pesinos de una posición relativamente holgada, irán mermando las atribuciones de la nobleza y determina- rán una ruptura en la pureza de las antiguas unidades tribales.
Hesíodo no representa la clase pobre, el campesino oprimido por los grandes terratenientes que obligará a Solón a tomar, un siglo más tarde, drásticas medidas agrarias y sociales. Lo que Hesíodo representa es esa clase media burguesa que echa en cara ya sus atrope- llos a los injustos señores 7. Que la sangre no es ya un obstáculo en la época de Hesíodo para alcanzar las
2% Véase un estado de la cuestión en M. AustTIN-P. VIDAL NA: QUET, Economies et societés en Gréce ancienne, París, 1972, pá- ginas 68-69.
72 Cf. E. WiLL, «Hésiode: crise agraire? ou recul de 1l1' aris- tocratie?», Rev. des Et. Gr. 78 (1965), 542-556, en oposición a M. DÉTIENNE, Crise agraire et attitude religieuse chez Heésiode, Bruselas, 1964.
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esferas elevadas de la sociedad, queda demostrado cuan- do el poeta nos dice (Trabajos 313) que «la areté y la estimación van unidas al dinero», reflejando así una ideología que llevará a la situación social contra la que, indignado, se queja Teognis casi dos siglos más tarde: «Buscamos, oh Cirno, carneros, asnos, caballos de bue- na raza, y todo el mundo quiere que se apareen con hembras de pura sangre; en cambio, a un hombre noble no le importa casarse con una villana, hija de un vi- llano, con tal de que lleve muchas riquezas; ni una mujer que se niega a ser la esposa de un hombre vil con tal de que sea rico, sino que prefiere el acaudalado al hombre de bien; el dinero ha confundido las clases. Por ello no te extrañes, oh Polipaides, de que decaiga la raza de nuestros ciudadanos: pues lo bueno se mez- cla con lo malo» %.
En contra de lo que con frecuencia se piensa, Hesío- do acepta el status político de su época, el gobierno de los aristócratas, y no se irrita contra los «reyes» en cuanto tales, lo que haría de él un revolucionario, sino contra el comportamiento injusto de aquéllos. Todavía la tradición tiene bastante peso como para impedir actitudes más enérgicas y prácticas. Hesíodo, en el proe- mio de la Teogonía 80-96, se refiere a los basileis en términos que implican su reconocimiento y respeto al poderoso, les llama «venerables» y «descendientes de Zeus». Hesíodo —y por boca suya, el artesano, el alfa- rero, el carpintero, el herrero y el comerciante— pro- testa de las injusticias de los «reyes», anticipando, con esa visión profética que le otorgaron las Musas, algo que luego la historia demostraría: que Justicia procla- ma a voces la injusticia allí donde la hay «para que el pueblo castigue la loca presunción de los reyes». Así es
2 TEOGNIS, 1 183-192. Traducción de F. R. ApraDos, Líricos griegos, 11, Barcelona, 1959.
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como los Baquíadas en Corinto, y otras familias en las diferentes poleis, debieron perder su hegemonía políti- ca: «El hombre humilde siguió a Cípselo probablemen- te por el mero hecho de que un Baquíada le había hecho salir de la acera, o había saltado, cuando estaba borracho, sobre un montón de sus preciosas vasijas, o le había impuesto la multa de un cordero por una falta que le había valido al vecino tan sólo una amonesta- ción. El hombre principal siguió a Cípselo probable- mente porque a sus secuaces se les imponía siempre la multa de un cordero, en tanto que los secuaces de los Baquíadas se libraban con una amonestación» ?.
Ahora bien, para que el ciudadano medio reaccione ante la injusticia del aristócrata gobernante necesita liberarse del peso de la tradición y ver en el noble una persona igual que él, sin más atribuciones que las que aquél se arroga en virtud de su ascendencia aristocrá- tica. Tal independencia psicológica es el resultado, se- gún opinión generalizada, de las transformaciones expe- rimentadas por las tácticas bélicas.
A principios del siglo vii a. C., Argos se enfrentó y venció a Esparta. Fidón, dice Aristóteles, fue el primer rey que superó los límites del poder monárquico y se constituyó en tirano de Argos. Estos dos datos abonan la hipótesis de que la victoria de Fidón sobre Esparta se debió al uso de una táctica militar nueva, la falange hoplítica, y que su imposición a la aristocracia estuvo apoyada también por los hoplitas: «Si él fue quien or- ganizó el nuevo ejército hoplita, la cuestión encuentra fácil respuesta. La adopción del nuevo sistema dismi- nuyó la relativa importancia de los nobles y el flamante líder de tal ejército pudo aumentar su fuerza dentro de casa y lograr éxitos fuera de ella. Así, aunque él no
2 W. G. FoRREst, The Emergence of Greek Democraty = La democracia griega [trad. L. GrL], Madrid, 1966, pág. 119.
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recibiera nunca tal nombre, Fidón debió ser realmente el precursor de los tiranos y ejemplificar la tesis de que el poder de aquéllos les vino de los hoplitas» *.
Interesa más aún el papel desempeñado por la refor- ma hoplítica en la aproximación de la clase burguesa, a la que pertenece Hesíodo, hacia la esfera aristocrática.
Por su carácter desorganizado, las primeras represen- taciones de escenas bélicas en la cerámica del Dipilón coinciden con las descripciones homéricas. El combate era individual y a pie. Los héroes acudían en carros al campo de batalla, que eran cuidados por los aurigas durante el singular combate. La masa de guerreros se limita a animar a sus señores o a arrojar piedras.
El armamento se ajusta al tipo de combate. El equipo defensivo es ligero y el ofensivo está formado por dos lanzas arrojadizas y una espada pequeña. Lo más inte- resante es el escudo. De tamaño reducido (a veces el guerrero empuña el escudo y una lanza con la misma mano), es ligeramente cóncavo y presenta dos convexi- dades a los lados del borde; tiene dos correas cruzadas en su interior para poder colgarlo y un asa en el cen- tro. La forma convexa de los lados permitía manejar los dardos con ambas manos mientras el escudo per- manecía colgado; gracias al asa central, el escudo podía girar para cubrir también la espalda del guerrero.
El tipo de escudo descrito ya no existe a comienzos del siglo vII a. C. Las escenas de cerámica nos ofrecen a partir de este momento unos escudos más grandes, redondos y con dos asas, una en el centro, por donde el soldado metía el brazo, y otra en el extremo, a la que se agarraba la mano. El escudo no podrá ya mo- verse hacia atrás como en el estilo antiguo y la espalda queda al descubierto. «El escudo de doble asa fue in-
3% A. ANDREWES, Zhe Greek Tyrants, Londres, 1971 (= 1956), página 42.
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ventado y, como no podía girarse para proteger la es- palda, estimuló el desarrollo de la organizada y disci- plinada falange de hoplitas» ?!.
El orden es esencial en la falange, ya que el objetivo de los hoplitas consiste en romper la fila enemiga con- servando la propia. Podemos resumir así las caracterís- ticas de la nueva táctica: necesita más hombres, re- quiere menos habilidad individual, y el equipo, al no exigir del soldado la posesión de un caballo, debió de ser más barato. La trascendencia social de la reforma hoplítica es obvia. La necesidad de más hombres mo- tivó el que la guerra no fuera ya exclusiva de los aris- tócratas. El menor coste del equipo facilitó a la clase media la intervención en los combates. No es que se creara una nueva clase social a mitad de camino entre la aristocracia y los pobres, sino que la burguesía ca- rente de nobleza combatía al lado de los aristócratas. «Grandes y pequeños campesinos resistían juntos en las filas de la falange, igual que estuvieron juntos contra el dominio del líder personal en la esfera de la polí- tica» *,
Desgraciadamente, nada en los poemas de Hesíodo permite ver al poeta campesino como un hoplita, ya que el tema de su obra no es bélico. No obstante, re- sulta tentadora la interpretación de dos pasajes de la Teogonía en este sentido.
En el primero de ellos (431 y ss.), quiera o no el poeta distinguir entre «los varones que se agitan en la guerra destructora de hombres» como la infantería en general y los «hippeis» como los nobles en particular, dice, a propósito de todos estos combatientes, que Hé- cate da la victoria «a los que ama», mientras que al
31 P. A. GREENHALGH, Early Greek Warfare, Cambridge, 1973, página 4. 2 CH. G. STARR, «The Decline...», pág. 138.
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referirse a los «reyes», al «pueblo» y a los «atletas», particulariza: la diosa da el premio «al que quiere». Si el uso del plural en el caso de los combatientes no es una simple variatio, Hesíodo tendría plena conciencia del carácter comunitario de la formación hoplítica o de la que llevaría poco después a aquélla.
En un segundo pasaje (Teogonía 935), se dice que Fobos y Deimos «ponen en confusión las compactas fa- langes de varones en la guerra sangrienta junto con Ares destructor de ciudades» *%, La alusión a la verda- dera formación hoplítica es evidente.
En conclusión, «si el campesino beocio contemporá- neo de Hesíodo no se ha convertido todavía en hoplita, sin embargo está en buen camino de hacerlo y ya no deja a los esthloí todo el poder económico ni incluso tal vez el político» %,
4. Influencias orientales en la obra de Hesíodo
La Teogonía incluye elementos sagrados y catálogos cuyo paralelo con determinados textos orientales es sorprendente. También los Trabajos y días encierran mitos, pero sobre todo un material didáctico y un ca- lendario agrícola que se ha comparado con otros del Próximo Oriente.
La aparición de unas tablillas procedentes de los archivos reales de Boghazkale, la antigua Hattusa de los hetitas, ha replanteado la cuestión sobre el origen
3 El término «falange» es usado varias veces en la /líada, donde se ha pensado que obedecía a interpolaciones, cf. H. Lo- RIMER, «The Hoplite Phalanx with special reference to the poems of Archilochus and 'Tyrtaeus», en Ann. Brit. Sch. at Athens 42 (1947), 76-138. No hay razón para pensar que ocurra lo mismo con este verso de Hesíodo.
4 E. WinL, «Hésiode...», pág. 556.
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de los materiales religiosos de la Teogonía. La escritu- ra cuneiforme de las tablillas descubiertas por Giiter- bock y Otten hace asignarle una fecha que corresponde al período de apogeo de la civilización micénica en Grecia, 1400-1200 a. C. En estas tablillas se ha podido reconstruir parte de dos poemas que remontan a textos hurritas más antiguos a juzgar por otros fragmentos hurritas hallados en Hattusa. He aquí la traducción del conocido como Mito del reino celeste:
«Antes, en los antiguos años, fue rey en los cielos Alalu. / Alalu está sentado en el trono / y el poderoso Anu, el primero de los dioses, se hallaba ante él, / se prosternaba ante sus pies / e iba poniéndole en la mano las copas para beber.
Nueve años contados fue Alalu rey en el cielo. / Pero al no- veno año, Anu entabló combate contra Alalu. / Derrotó a Alalu, éste huyó corriendo ante él / y descendió a la negra tierra. / Descendió él a la negra tierra, / y en el trono se sentó Anu. Anu está sentado en el trono / y el poderoso Kumarbi le daba de comer, / se posternaba ante sus pies / e iba ponién- dole en la mano copas para beber.
Nueve años contados fue Anu rey en el cielo. / Al noveno año, Anu entabló combate contra Kumarbi; / Kumarbi, descen- dencia de Alalu, entabló combate contra Anu. / Ante los ojos de Kumarbi ya no resiste Anu, / se zafó de sus manos, voló Anu / y subía al cielo.
Por detrás se le acercó Kumarbi, / cogió por los pies a Anu dé y tiró de él desde el cielo hacia abajo.
Le mordió los muslos, / y su virilidad se mezcló, como el bronce, / con las entrañas de Kumarbi.
Cuando Kumarbi había tragado en sus entrañas / la virilidad de Anu, / se regocijaba y reía.
Anu se volvió hacia él / y comenzó a decirle a Kumarbi:
«Te regocijaste en tus entrañas / porque tragaste mi viri- lidad. / ¡No te regocijes en tus entrañas! / En tus entrañas he puesto una carga. / En primer lugar, te he preñado con el pe- sado Tesub...» *,
*% Debemos esta traducción y algunos datos más de los aquí
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El poema continúa narrándonos la reacción de Ku- marbi: escupe el semen y engulle una piedra de la que nacerá Tesub, que, ayudado por Anu, terminará destro- nando a Kumarbi.
Existen importantes coincidencias entre este mito y las sucesiones de la Teogonía, ya que la secuencia Urano- Cronos-Zeus es análoga a la de Anu-Kumarbi-Tesub y se refuerza con las emasculaciones sufridas por Anu y Urano, con la piedra que tragan Kumarbi y Cronos y con las amenazas proferidas por Kumarbi y Urano.
No obstante, hay que subrayar las diferentes moti- vaciones que en uno y otro poema presentan los hechos apuntados. En primer lugar, Kumarbi emascula a Anu para adueñarse de la virilidad de su padre, en tanto que Cronos, confabulado con Gea, trata de vengar con su acción la maldad de Urano, al que, según Hesíodo, sus hijos odian desde siempre. De otro lado, mientras Kumarbi engulle la piedra como purgante de la carga que Anu ha depositado en su interior, Cronos lo hace por el engaño de Rea, que pretende librar a Zeus de la voracidad del padre. Finalmente, la Teogonía no ofrece un paralelo del antiguo rey Alalu que abre el poema hurrita.
El otro poema, la Canción de Ullikummi, el mejor conservado de la literatura hetita, incluye un motivo central comparable al episodio de Tifón en la Teogonía. Kumarbi, para vengarse de Tesub, engendra un hijo de piedra volcánica, de diorita, que crece rápidamente hasta que sus monstruosas proporciones ponen en pe- ligro la tranquilidad de los dioses. Los halagos, prime- ro, y los rayos de Istar, después, resultan inútiles. Los dioses obtienen la victoria mediante una sierra, la mis-
manejados al excelente trabajo de A. BERNABÉ, Textos literarios hetitas, Madrid, 1978 (en prensa).
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ma que sirvió para separar el cielo y la tierra, con la cual cercenan las piernas del monstruo.
Se ha exagerado la diferencia de naturaleza existen- te entre Tifón y Ullikumi, un dragón que echa fuego por su boca y una roca respectivamente, pero si se tiene en cuenta la naturaleza volcánica de esta última ambos monstruos pueden representar idénticos fenómenos na- turales.
En un tercer poema del ciclo de Kumarbi, titulado Hedammu, vemos que la naturaleza de Tifón constitu- ye tan sólo una variante de la de Ullikumi, ya que el héroe, Hedammu, es un dragón precisamente.
Otro mito oriental relacionado con la Teogonía es el contenido en el Enuma Elis %, Al principio, antes de existir la tierra y el cielo, Apsú, elemento masculino de las aguas, y Tiámat, elemento femenino, estaban uni- dos. De ambos principios surgieron posteriormente Lahmu y Lahámu y de éstos, Ansar, el universo celeste, y Kisar, el universo terrestre, que producen a su vez a Anu, el cielo, de quien nace Ea con sus poderes má- gicos y sapienciales. Apsú, molesto por el movimiento de los restantes dioses, decide destruirlos a pesar de la oposición de Tiámat. Informados del peligro, todos los dioses callan, excepto Ea, que adormece con filtros a Apsú, le corta los tendones y, tras encadenarlo, se con- vierte en rey del mundo.
W Este poema babilonio, así titulado por las palabras origi- nales con que se inicia («Cuando en un principio»), comprende un millar de versos conservados en más de novecientos frag- mentos de diversas épocas y variada procedencia. El fragmento más antiguo se aproxima al año 1000 a. C., pero el poema habría sido compuesto en la época de la primera dinastía babilonia (entre 1895 y 1595 a. C.). Para más referencias, cf. P. WaALcor, Hesiod..., págs. 1-154, y D. THOMPSON, «The possible Hittite Sources for Hesiod's Theogony», Parola del Pasato 22 (1967), 241-251.
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De Ea nace Marduk, terror de los dioses antiguos que incitan a Tiámat contra los más jóvenes. Ea y Anu son vencidos por once monstruos nacidos de Tiámat. Marduk, armado con un arco, una red, el rayo y los cuatro vientos, acepta luchar a condición de ser reco- nocido como soberano de los dioses. Manduk se sirve de otros siete vientos más terribles, hijos suyos, para dar muerte a Tiámat, al que luego dividirá en dos par- tes, el cielo y la tierra. Ayudado por Ea, el «procreador del hombre», crea el primer hombre a partir de la sangre de Kingu, uno de los monstruos derrotados.
El paralelo con la Teogonía surge al comparar la pa- reja Apsú y Tiámat con la de Urano y Gea: ambas parejas procrean hijos que permanecen en el interior de su madre; el padre los aborrece, la madre no; los hijos tienen miedo, salvo Ea y Cronos, que vencen a su padre y se hacen con el poder. En lo que sigue ya hay diferencias: Zeus se enfrenta a Cronos y a los Ti- tanes para ser rey de los dioses; Marduk, por su parte, lucha contra Tiámat, pero no contra su padre, Ea, que es aliado suyo; en la Teogonía, Gea, el paralelo de Tiá- mat, favorece a Zeus en la lucha contra sus propios hijos. En ambos mitos, el nuevo soberano instaura el orden en el universo.
Gracias a Ateneo, Porfirio y Eusebio, teníamos refe- rencia de una obra escrita por Filón de Biblos (64- 140 d. C.) en ocho o nueve libros que, según su autor, sería traducción de la Historia fenicia de un tal Sanku- niatón. Según ella, al comienzo, sólo existía en el mun- do el caos y la oscuridad, luego surgen Pothos y Mót, que dan principio a la creación. A los «primeros inven- tores» que contribuyen al desarrollo de la civilización, sigue una genealogía de dioses que puede ser esquema- tizada así: Elium (Hipsistos) —Beruht: (Urano)— Gea: El (Cronos), Betilos, Dagon, Atlas, Astarté, Real y Baal-
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tis (Dione); de El (Cronos) nace Mouth (Tánato), y de Dagon y una concubina nace Demaro (Zeus) ?.
Urano tiene hijos con otras mujeres, lo que motiva el enfado y la separación de Gea, que protege a sus hijos mientras Urano trata de destruirlos, hasta que El- Cronos los vence y se hace rey. El poder de Cronos es titánico. Urano, mediante un engaño, logra que Cronos se case con sus hermanas Astarté, Rea y Dione, de las que tiene muchos hijos. Urano hace la guerra a Cronos, pero Cronos le tiende una emboscada y lo castra. En- tonces Astarté, Zeus-Demaro y Adodos, rey de los dio- ses, gobiernan la tierra aconsejados por Cronos. El- Cronos sacrifica su único hijo a Urano para conjurar una epidemia, y, al igual que sus partidarios, se hace la circuncisión.
Las semejanzas de esta historia con la Teogonía hi- cieron pensar que se trataba de «una mezcla helenísti- ca de Hesíodo con fuentes cosmológicas tardías» *, pero el descubrimiento de un texto épico en Ras Sham- ra y la coincidencia con las versiones hetitas ha disipado cualquier duda sobre la veracidad de Filón. La seme- janza entre el mito hetita y la Historia fenicia hizo suponer una mediación fenicia entre los poemas hurri- tas y Hesíodo, pero algunos detalles de la Canción de Ullikummi han llevado a proponer que la versión hetita y hesiódica representan «diferentes usos de un motivo tomado independientemente a los fenicios» ?,
37 Véase el cuadro genealógico de L. CeNcILLO, Mito, Semán- tica y Realidad, Madrid, 1970, pág. 168.
% G. S,. KIRK-J. E. RAVEN, Zhe presocratic philosophers = Los filósofos presocráticos [trad. J. GARcía FERNÁNDEZ], Madrid, 1969, página 54,
% D. THOMPSON, «The possible Hittite...», pág. 251. El autor replantea el origen de los mitos de Hesíodo: «En lugar de transmitir ideas hurritas-hetitas-babilonias a los griegos, los fe- nicios deben haber introducido sus propias ideas directamente
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Si bien no tan claramente como en la Teogonía, las influencias orientales existen en algunas partes de los Trabajos y Días: el mito de las razas, el de Pandora, el de Prometeo; la fábula del halcón y el ruiseñor; el calendario del labrador, etc.
Esta literatura didáctica griega tiene antecedentes en Egipto. El ejemplo más antiguo que conocemos es la Instrucción de Ptah-hotep, consejos de un padre a sus hijos, donde se expresa la utilidad de escuchar a los demás, la imparcialidad, la generosidad y la falta de codicia, y se advierte que la justicia es lo único seguro. Pero las obras más semejantes a los Trabajos son la Instrucción de Amen-em-O pet *% y la de Onchsheshongy, si bien esta última es posterior a Hesíodo.
De los documentos babilonios, son interesantes Las Instrucciones de Shuruppak, obra sumeria conservada en traducción babilonia, y Los Consejos de Sabiduría, que remontan a 1500-1200 a. C. Esta última obra, deri- vada tal vez de la anterior, se divide en ocho partes de las que tan sólo la sexta no coincide con la temática de Trabajos y Días: 1) elude las malas compañías; 2) evita una lengua inmoderada; 3) no busques pelea y haz las paces con tus enemigos; 4) ayuda al que te necesite;
en ambos lugares, en Grecia y en los reinos hurritas-hetitas» (pág. 248).
tw Véase el paralelismo innegable de algunos pasajes de esta Instrucción: 1) «En verdad el hombre es barro y paja, / Dios es quien lo modeló; / él le hunde y le levanta cada día», cf. Tra- bajos 5-8; 2) «Mejor es pobreza de la mano de Dios / que riqueza en el almacén; / mejor es pan con el corazón alegre / que riqueza sin honor», cf. Trabajos 4041; y 3) «Cultiva los campos para que puedas tener lo necesario / recibir el pan de tu propia era; / mejor es un celemín que te dé Dios / que quinientos conseguidos por la fuerza; / ni un día se conservan en tu almacén y granero / y dejan vacía la jarra del vino; / un momento es todo lo que duran en el granero; / cuando llega la mañana ya se han ido», cf. Trabajos 298 y ss., 320 y ss.
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5) no conviene casarse con una esclava ni tomar por esposa una ramera; 6) tentaciones de un visir; 7) de- beres de religión y beneficios de su cumplimiento; 8) decepciones de amigos.
Consejos de este tipo se encuentran también en Ho- mero. Baste recordar los de Fénix a Aquiles y los de Néstor a Antíloco en la Ilíada, o los de Atenea disfra- zada a Telémaco en la Odisea. Pero en todos ellos hay una diferencia notable con Hesíodo. Las advertencias van dirigidas de padre, o de alguien que ocupa su lu- gar, a hijo; en cambio, en Hesíodo aconseja un herma- no, no se sabe si el mayor, a otro hermano.
En los textos hetitas hay una versión de un poema hurrita donde se cuenta que un hombre rico, Appu, no tenía hijos. Ante sus súplicas, el dios-Sol, apiadado, le dijo que volviera a casa y se uniera a su mujer. El dios intervino ante Tesub y éste concedió que la mujer que- dase embarazada. Al hijo así nacido le dio Appu el nombre de Malo; después tuvo otro hijo al que llamó Bueno. Los dos eran de carácter distinto y vivían inde- pendientemente. Muerto el padre, Malo convenció a Bueno para repartirse la hacienda de Appu. Malo in- tenta engañar a Bueno en el reparto, pero es observado por el dios-Sol, que, en otro fragmento, aparece presi- diendo un juicio.
La similitud con el motivo de los Trabajos es innega- ble. «La principal diferencia entre los dos textos es que la historia de Appu y sus dos hijos ofrece una situación mítica y no el colorido realista de los Trabajos y Días, en cuanto que el dios-Sol se aparece a Appu y en su presencia tiene lugar el juicio» *!, El influjo de este texto oriental en Hesíodo hay que verlo en cuanto que ofrece una estructura distinta de la tradicional, facili-
1 P, WaLcorT, Hesiod..., pág. 99.
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tando al poeta, como punto de partida, la inserción en su poema de una experiencia propia.
Para el calendario del labrador, un almanaque sume- rio describe las operaciones de labranza desde el mo- mento de las inundaciones y es anterior a Hesíodo en unos doscientos años. Ambos calendarios «desarrollan en orden cronológico, para conocimiento del campesino, el ciclo de labores a lo largo de un año; y ambos pres- tan mayor atención a los útiles que el campesino debe tener para su trabajo» %. Se recomienda orar antes de la siembra y espantar los pájaros para que no se co- man las semillas; dos son los arados que debe tener el labrador y una pareja de bueyes para arrastrarlos.
Puede sugerirse también el paralelo del calendario de Gezer, en Palestina, que divide el año agrario en ocho partes, frente a las nueve de Hesíodo:
«Dos meses para la cosecha, / dos meses para la siembra, / dos meses para la siembra tardía, / un mes para la cosecha del lino, / un mes para la cosecha de la cebada, / un mes para la cosecha y medición del fruto, / dos meses para la pisa de la uva, / un mes para el descanso del verano» *.
La existencia de tales calendarios, a pesar de las se- mejanzas con el de Hesíodo, no imponen necesariamen- te un influjo directo sobre nuestro poeta. El labrador beocio tenía sin duda sus propias costumbres, hereda- das o adquiridas por la experiencia, en el cultivo del campo.
Por último, también se han rastreado huellas orienta- les en los Días. Un calendario egipcio divide cada día del año en tres partes marcadas como buenas o malas,
2 P. WaLcor, «Hesiod and didactic literature of the Near East», Rev. des Et. Gr. 75 (1962), 22.
4 Cf. W. NicoLar, Hesiods Erga, Beobachtungen zum Aufbau, Heidelberg, 1964, pág. 192.
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igual que ocurre en Hesíodo (Trabajos 810, 820-821). Algunos días podrían ser explicados también a base del calendario babilonio *.
Estas influencias orientales, más probables en la Teogonía que en los Trabajos, plantean el problema de su penetración en Beocia. «O bien los fenicios han sido los transmisores, o bien los griegos, ya que en el ám- bito del Asia menor, en Mileto o Rodas, donde se en- contraban establecidos desde la época micénica, llega- ron a conocer la historia de la sucesión de los dioses e historias afines. Debemos precavernos frente a toda simplificación artificial de estos problemas, y hay que tomar en consideración que para Hesíodo debemos con- tar asimismo con una tradición antigua, que se remon- taba hasta la época prehelénica, y para cuya conserva- ción precisamente Beocia era un suelo propicio. Debe- mos considerar que en la Teogonía actuaba una tradi- ción múltiple, atestiguada de manera convincente por el carácter polifacético de la obra. Tampoco debemos olvidar que el padre de Hesíodo era natural del Asia Menor» $,
El análisis de los mitos de sucesión hetitas y feni- cios ha ratificado la importancia de los fenicios para la penetración de tales mitos en la Teogonía. Con todo, es sugestiva y clarificadora la hipótesis de una koiné literaria en la época micénica *, Las emigraciones micé- nicas organizadas desde finales del segundo milenio y los contactos comerciales con pueblos de Oriente Me- dio habrían permitido un conocimiento por parte de los griegos de los mitos hurritas y fenicios subyacentes
“ Cf. P. WaLcor, Hesiod..., págs. 92 y 101.
5 A. LEsKY, Geschichte der Griechischen Literatur = Historia de la Literatura Griega [trad. J. M.* Díaz REGAÑÓN Y B. ROMERO], Madrid, 1968, pág. 119.
Cf. C. MIRALLES, «De los siglos oscuros al vit», Bol. del Inst. Est. Hel. 3.2 (1969), 39-55,
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en los poemas hesiódicos. Así se explicarían, además, sin necesidad de recurrir a la dependencia literaria, las semejanzas y divergencias entre Homero y Hesíodo. La trayección cultural micénica se ve interrumpida por la invasiones dorias, y la falta de contacto entre Oriente y Occidente durante los llamados «siglos obscuros» de- termina una transmisión posterior independiente de aquel material común. De este modo, si en Homero el Océano es el padre de todo y su matrimonio con Tetis sugiere un conocimiento de la pareja babilonia Tiámat- Apsú, Hesíodo, representante del desarrollo occidental del mito, parece no conocer esta versión, tal vez porque a lo largo de los siglos precedentes su tradición en Beo- cia ha sufrido modificaciones o interferencias. Por el contrario, la Afrodita hija de Urano que nos ofrece Hesíodo responde a una divinidad de tipo oriental que no tiene paralelo en Homero *.
Actualmente, se concede una mayor importancia, sin embargo, al papel de los fenicios en ese proceso de penetración oriental en Grecia. Las relaciones fenicias con Grecia debieron mantenerse a lo largo de los «si- glos obscuros», en los que los fenicios fueron los autén- ticos señores del comercio, y se intensifica a finales del siglo 1x, ya con iniciativa propia de los griegos, más concretamente de los eubeos. A juzgar por los ha- llazgos arqueológicos, sabemos que los eubeos vendían su cerámica en grandes cantidades a principios del si-
11 Los reticentes a esta hipótesis pretenden que los mitos hu-
rritas no fueron tomados por los micénicos a los hetitas, sino que los griegos los oyeron en la Anatolia oriental en tiempos de Hesíodo y Homero. Pero la tradición literaria oriental se había interrumpido al caer el imperio hetita en 1200 a. C. Además, Asia Menor nunca formó parte del imperio hetita. La hipótesis de una penetración más antigua de los elementos orientales se ve favorecida por el hecho de que los dioses que en Hesíodo intervienen son ya los tradicionales. Cf. M. L. Wesr, Theogony..., pág. 29.
INTRODUCCIÓN GENERAL 41
glo vii a. C. en el establecimiento de Al-Mina, que, casi desde su fundación a finales del siglo IX, aparece como un gran centro del comercio griego con Oriente. A través de Al-Mina se establece una ruta que va desde Mesopotamia al norte de Siria y desde aquí hasta Gre- cia, a través de Eubea. Era un buen lugar «para que los griegos adquirieran un conocimiento del Enuma Elis, o cualquier otra obra de la literatura babilonia compuesta en una fecha que hace imposible la trans- misión a través de los micénicos» %, No olvidemos que Beocia está separada de Eubea sólo por el estrecho del Euripo y que Hesíodo viajó a Calcis en algún momento de su vida.
Al igual que en Al-Mina, existió una comunidad de co- merciantes griegos en Tell-Sukas, algo más al sur, en la costa fenicia. Si el «vino biblino» de que habla Hesíodo (Trabajos 589) significa «vino de Biblos», tendríamos una prueba literaria del comercio entre Grecia y el Próximo Oriente a lo largo del siglo vr11 a. C.
La introducción del alfabeto fenicio en Grecia, tal vez a mediados de siglo, implica un estrecho contacto entre ambos pueblos, ya sea que los fenicios lo llevaran a Eubea o que los griegos lo aprendieran en Al-Mina, Tell Sukas u otro puerto comercial, según la opinión generalizada. A favor de una penetración por Eubea está el hecho de que la primera inscripción conocida se encuentra en una estatuilla beocia de bronce proceden- te de Tebas precisamente, fechable a fines del siglo vIH antes de Cristo. Si Eubea fue la avanzada de la civili- zación oriental en Grecia, la primera región favorecida sería Beocia,
P. WaLcor, Hesiod..., pág. 121.
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5. Transmisión y difusión del texto de Hesíodo
Aparte de la Teogonía y los Trabajos y Días, obras en las que nos hemos apoyado para situar a Hesíodo en su contexto histórico y cultural, los testimonios más antiguos de que disponemos dan pie para postular que la producción literaria del poeta abarcaba hasta otras catorce obras más.
Ha sido largo y sinuoso el camino recorrido por los filólogos para cubrir con títulos distintos y específicos ese casi «fatídico» número dieciséis resultante %. Con todo, a la existencia real de las dos obras mencionadas debemos añadir la evidencia supuesta por el Escudo de Heracles, ya que las tres nos han llegado de modo fragmentario o completo a través de testimonios anti- guos (papiros) o medievales (códices). A esta tríada efectiva se opone una larga serie de fragmentos cuyo signo distintivo es el de haber sido transmitidos por citas o referencias incluidas en autores antiguos, o sólo fragmentariamente, por restos papiráceos. Aun cuando dista mucho de haber sido zanjada definitivamente la cuestión de si todas, o algunas de ellas, formaban parte de un conjunto o conjuntos más amplios, la doble ca- racterística aludida, referencias explícitas y restos frag- mentarios, garantiza el que también podamos relacio- nar con el nombre de Hesíodo al menos las obras si- guientes: el Catálogo de las mujeres o las Eeas, las Grandes Eeas, la Boda de Ceix, la Melampodíia, el Des- censo de Pirítoo, los Dáctilos ideos, los Consejos de Quirón, los Grandes trabajos, la Astronomía, el Egimio y el Horno o Los alfareros.
e Cf. J. ScCHwARTtZ, Pseudo-Hesiodeia, Recherches sur la com- position, la diffusion et la disparition ancienne d' oeuvres attri- buées 4 Hésiode, Leiden, 1960, págs. 13-32.
INTRODUCCIÓN GENERAL 43
Ese diferente modo de transmisión material del texto condiciona y justifica el que sistemáticamente proceda- mos a tratar por separado la trayectoria recorrida por el texto de uno y otro grupo de obras. Pero la separa- ción no puede ser tajante, por cuanto que, dentro de las obras fragmentarias, el Catálogo de las mujeres ofrece peculiaridades temáticas, formales y de transmi- sión que le acercan claramente al primer grupo. Su fragmento inicial empieza por tener los dos primeros versos coincidentes con los dos últimos de la Teogonía. Y, en cierto modo, Catálogo de las mujeres y Escudo de Heracles también están relacionados: los cincuenta y seis primeros versos del Escudo, si no todo él, seguían sin solución de continuidad a siete versos pertenecien- tes al Catálogo (cf. fragmento 195). Además, conserva- mos una cantidad de fragmentos de este último muy superior al resto de las obras reseñadas.
Resuelto en uno u otro sentido el problema de la composición de los poemas hesiódicos, como poesía oral pura o, lo que es más probable, como género indisolublemente unido a la existencia y el uso normal de la escritura, parece verosímil que su temprana fija- ción escrita debió acomodarse a las condiciones mate- riales propias de la época: tablillas de madera y/o pie- les de animales serían su primer soporte %,
Entre 700 y 300 a. C., el texto de Hesíodo hubo de circular, al menos externamente y sobre todo en lo re- lativo a Teogonía y Catálogo, de forma muy similar a como lo hicieran los poemas cíclicos, esto es, constitu- yendo aparentemente un gran poema, fruto sin duda de añadidos y refundiciones abundantes.
Al igual que ocurre con los poemas homéricos, exis- ten determinados indicios para pensar que en la Atenas de Pisístrato se desarrolló algún tipo de actividad sobre
3 Cf. M. L. West, Theogony..., pág. 48.
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los de Hesíodo. Y si estos indicios apuntan a la supre- sión de versos, no parece imposible la idea de que lo contrario, algunas adiciones, también ocurriera,
El hecho es que, en época alejandrina, dentro del gran todo constituido por el Corpus Hesiodicum, co- menzaron a distinguirse partes concordantes y discor- dantes con lo que a Hesíodo había de remontar. Sólo así adquieren pleno sentido las formulaciones aproba- torias y condenatorias sobre pasajes más o menos ex- tensos de Hesíodo, pasajes amplios en muchos casos y con una entidad temática suficiente como para justifi- car los títulos específicos que sólo a partir de este mo- mento se consolidan.
Tras haber sido asiduamente imitado y leído en Ate- nas durante los siglos v y Iv a. C., el texto de Hesíodo es estudiado y cuidado en Alejandría *%. Tenemos noti- cias de una edición de la Teogonía a cargo de Zenódoto de Éfeso, si bien sólo sabemos que en ella proponía lecturas que se apartaban de la tradición —calificarla de crítica sería lo adecuado— y que probablemente in- cluía un glosario interpretativo de términos difíciles. Apolonio de Rodas dedicó a Hesíodo una obra de más de tres libros; de modo indirecto, conocemos que en ella se pronunciaba en favor de la autenticidad del
3 Véase H. G. EveELYN-WHTTE, «A Peisistratean edition of the Hesiodic poems», Classical Quarterly 18 (1924), 142-150; T. A. SINCLAIR, «The Peisistratean Hesiod», Classical Quarterly 21 (1927), 1955-198, y R. MERKELBACH, «Die pisistratische Redaction der homerischen Gedichte», Rhein. Mus. 95 (1952), 2347. El único punto de apoyo está en el fragmento 298.
2 Cf. C. Buzro, Esiodo nel mondo greco sino alla fine dell' etá classica, Milán, 1938. Por lo demás, la influencia de Hesíodo ha sido muy acusada en todas las épocas. Como ejemplos ex- tremos del mismo hilo, recordemos el ya mencionado libro de TH. BREITENSTEIN (Hésiode et Arquiloque) y el artículo de N. E. OIKONOMAKIS, «Ho Palamás kai ho Hesíodos», Athena 63 (1959), 145-194,
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Escudo y en contra de la Ornitomantea y de algún pa- saje de la Teogonía, pero no nos consta en qué género se inscribía la obra (¿edición, comentario, monogra- fía?). Eratóstenes, con su preocupación por los proble- mas cronológicos, situaba a Homero como anterior a Hesíodo. Aristófanes de Bizancio continuó la labor de Zenódoto como editor de la Teogonía y se manifestó contrario a Apolonio en punto al Escudo, obra que con- sideraba no hesiódica junto con los Consejos de Quirón. Ya en el siglo 11 a. C., Aristarco proseguía la tarea ini- ciada por sus predecesores; al tiempo que atetizaba el proemio de los Trabajos, por conocer copias que lo omitían, utilizaba a Hesíodo como piedra de toque para condenar determinados pasajes homéricos; es probable que fuese el primero en escribir un comentario seguido a alguna obra de Hesíodo.
Sobre la actividad desplegada en Pérgamo durante la misma época, nos ilustran los rasgos recuperados acer- ca de Crates, que criticaba y corregía a Hesíodo en función de la cosmología estoica por él propugnada, atetizando además los proemios de la Teogonía y los Trabajos.
Si tenemos en cuenta la utilización lingiística de de- terminadas palabras de Hesíodo por parte de Dionisio Tracio, hemos de ver en el autor de la Téchne, formado junto a Aristarco e impulsor de la filología en Roma a partir de 100 a. C., un introductor más de la perviven- cia del poeta de Ascra en Roma, que, a buen seguro, hubo de ser favorecida por la actividad de Dídimo en la segunda mitad del siglo 1 a. C.
Según lo demuestran algunos papiros, ya en época romana, el texto de Hesíodo, como tantos otros, se vio afectado por los criterios de una selección que incluía la Teogonía, los Trabajos y el Escudo Y. De estas tres
53 PMich. 6828 (siglo 1 d. C.), PVindob. 19815 (tv d. C.) y PAchmin 3 (1v-v d. C.).
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obras y del Catálogo ha aparecido una crecida cantidad de fragmentos papiráceos que permite contrastar la calidad del texto leído durante las seis primeras cen- turias de nuestra era, pudiéndonos hacer una idea de la amplia difusión del texto en la época imperial, que completa la imagen extraída a partir de las abundantes citas transmitidas por los escritores de este mismo pe- ríodo. El contraste nos arroja el saldo positivo de que nos encontramos ante una transmisión abierta, un mo- delo muy útil a la hora de tomar partido ante la fre- cuentísima disparidad de lecturas de los manuscritos medievales y renacentistas.
Parece imposible trazar un stemma que no falsee los hechos con los sesenta y nueve manuscritos existentes de la Teogonía %, pero sí se puede establecer media docena de grupos válidos cuando nos enfrentamos a la operación de editar hoy el texto:
1) Parisinus suppl gr. 663 (siglo xI); 2) Marcianus 1006 (si- glo xIv), Salmanticensis 243 (siglo xv), Laurentianus conv. suppr. 15 (siglo xv), Panormitanus 20Qq-A-75 (siglo xv) y Parisinus suppl. gr. 652 (siglo xV); 3) Laurentianus Mediceus 36.16 (escrito en 1280), 4) Vaticanus gr. 915 (copiado en 1311), Mutinensis a T 9.14 (de hacia 1460-1470); 5) Laurentianus conv. suppr. 158 (siglo xIv), Parisinus gr. 2763, Parisinus gr. 2833, Vratislavensis Rhedigeranus 35 y Mosquensis 469 (los cuatro del siglo xv); 6) Ravennas 120 (siglo xIV), Matritensis 4607, Ambrosianus D 529 y Vaticanus gr. 2185 (los tres del siglo xv).
Para el establecimiento actual del texto de los Traba- jos debemos elegir entre los casi dos centenares de códices que contienen la obra 55, teniendo en cuenta que
4 Para el inventario y la descripción de sus múltiples rela- ciones, cf. M. L. WestT, «The medieval and Reaissance manus- cripts of Hesiod's Theogony», Classical Quarterly 14 (1964), 165- 189.
55 Su descripción técnica podrá seguirse en H. ScHUuLTZ, «Die handschriftliche Uberlieferung der Hesiod-Scholien», en Abhand.
INTRODUCCIÓN GENERAL 47
los posteriores a 1340 aportan escasa utilidad, ya que o son copias del ejemplar bizantino de Triclino, repre- sentado por el Venetus Marcianus gr. 464, escrito ha- cia 1316-1319, o son meros apógrafos de los que cons- tituyen las familias principales. Parece, pues, que han de ser tenidos en cuenta únicamente los grupos siguien- tes: 1) Parisinus gr. 2771 (siglo X); 2) Laurentianus Me- diceus gr. 31.39 (siglo Xt); 3) Messanius F. A. 11 (si- glo XII), Vaticanus gr. 2383 (del año 1287) y Vaticanus Ottobonianus (copiado en 1363); 4) Vaticanus gr. 38 (del año 1322).
En cuanto al Escudo, los códices medievales y rena- centistas Y representan también un modelo de tradición abierta, suficientemente testimoniada por estos cinco grupos:
1) Parisinus suppl. gr. 663 (siglo x1); 2) Ambrosianus C 22 (siglo XIIFXIV); 3) Parisinus gr. 2773 (siglo XIV); 4) Laurentia- nus 32.16 (siglo x111), Casanatensis 356 (siglo XIV), Laurentianus conv. suppr. 158 (siglo xIv) y Parisinus gr. 2833 (siglo xv); 5) Mutinensis a T 9.14 (siglo xv).
Gran parte de los manuscritos reseñados aparecen adornados con preciosos escolios marginales que ayu- dan frecuentemente a la interpretación del texto. A me- nudo son citados en ellos, en calidad de autoridades, los nombres de comentaristas y gramáticos antiguos, permitiendo inducir fechas sobre su redacción. Así, en los escolios de la Teogonía, Trifón y Habrón (siglo 1 d. C.) son los gramáticos más tardíos entre los mencio- nados, de donde cabe suponer que la fijación de los escolios fue posterior a esas fechas. La influencia del
Gott. Ges. XII, Gotinga, 1910, y N. A. LIvaDaRas, Historia tés paradóseos tol keiménou to4 Hesiódou, Atenas, 1963.
5 Cf. A. RzacH, «Die handschriftliche Tradition der pseudo- hesiodischen Aspis», Hermes 33 (1898), 591-625.
48 OBRAS Y FRAGMENTOS
neoplatónico Proclo (siglo v d. C.) ha sido tan decisiva en los escolios a Trabajos y Días, que sirve para dife- renciar dos clases bien marcadas entre los manuscritos que albergan tal influencia y los que carecen de ella *.
Tras la editio princeps de los Trabajos (Milán, 1480), la lectura de Hesíodo ha estado asegurada en las cen- turias posteriores por numerosas ediciones. Citemos las más importantes entre las comprensivas de la tría- da Teogonía-Trabajos-Escudo: Aldo (Venecia, 1495), Trincavellus (Venecia, 1537), Oporinus (Basilea, 1544), Graevius (Amsterdam, 1667), Clericus (Amsterdam, 1701), Robinson (Leipzig, 1778), Dindorf (Leipzig, 1825), Góttling (Gotha, 1831), Lehrs (París, 1840), Paley (Lon- dres, 1861), Schómann (Berlín, 1869), Kochly-Kinkel (Leipzig, 1870), Flach (Berlín, 1874; Leipzig, 1878), Sittl (Atenas, 1889) 3.
Sólo hacia la mitad del siglo xIx se siente la necesi- dad de leer algo de las obras fragmentarias de Hesíodo en ediciones específicas. Aparece entonces la modélica edición de G. Marckscheffel (Hesiodi, Eumelt, Cinaetho- nis, Asti et carminis Naupacti fragmenta, Leipzig, 1840) y la de G. Kinkel (Epicorum Graecorum fragmenta, Leipzig, 1877), menos valiosa para Hesíodo.
1 Cf. los estudios, preparatorios de sus respectivas ediciones, de L. pr GREGORIO, «Sulla tradizione manoscritta degli scholia vetera alla Teogoniía di Esiodo», Aeuum 45 (1971), 1-24, 187-207, 383408, y 46 (1972), 1-15, y de A. PERTUSI, «11 contributo degli scolie di Proclo al testo de Le opere e i giorni», Aeuum 26 (1952), 197-227, y «La tradizione manoscritta degli scolii alle Opere e íi Giorni e le note inedite attribuite a Massimo Planu- de», en Atti dello VIII? Congr. intern. di St. Biz,, 1, Roma, 1953, páginas 176-182.
533 Para confeccionar una lista bastante completa de las edi. ciones comprendidas entre la primera y última de las citadas, puede acudirse a J. A. FaBricius, Biblioteca Graeca, 1, Hildes- heim, 1966 (= Hamburgo, 1790), págs. 596610, y a W. ENGELMANN- E. PREUSS, Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Latinorum, 1, Hildesheim, 1959 (= Leipzig, 1890), págs. 374-376.
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Después de gran cantidad de trabajos preparatorios, A. Rzach publica una editio maior que supera a todas las precedentes (Leipzig, 1902) y que, a partir de su tercera edición, un tanto compendiada (1913), ha sido la más manejada por los estudiosos del presente siglo. No debemos silenciar, sin embargo, la gran difusión al.- canzada por las ediciones bilingiies de Evelyn-White (Londres, 1914) y de Mazon (París, 1928). Pero el ma- nejo de todas ellas se verá suplantado muy pronto por las de Merkelbach-West (Oxford, 1967), para los frag- mentos, Solmsen-Merkelbach-West (Oxford, 1970), para la obra completa, y, sobre todo, por las monumentales ediciones comentadas de West *.
Cerremos este breve apunte historiográfico con una referencia especial a las ediciones y traducciones espa- ñolas de obras de Hesíodo %,
Es pena que la sorprendente labor realizada por Mar- tínez de Quesada en el siglo XVIII no tuviera más con- tinuadores inmediatos en nuestro país. Este sufrido y recién descubierto humanista, mozo de biblioteca sin más, escribió, entre 1740 y 1747, un extenso Enchiridion Mythico-Physico-Ethicum que jamás llegó a la imprenta y que, entre otros trabajos, comprende una Expositio- nem in Hesiodi Theogoniam. La Expositio o Comenta-
39 Cf. nuestra bibliografía, 1.
“% Existen numerosas traducciones a otras lenguas europeas. En francés, la que acompaña a la edición de Mazon se ha con- vertido en una auténtica vulgata. En inglés, además de la que hace frente a la edición griega de EvELYN-WHITE, merece la pena tener en cuenta las de A. W. Mar (Oxford, 1908), A. S. Way (Londres, 1934) y R. LATTIMORE (Ann Arbor, 1959), excelente ésta última: el traductor es tan buen poeta como filólogo. En ale- mán, gozan de alguna reputación las de J. H. Voss y B. K. HARTMANN (Tubinga, 1911), TH. voN SCHEFFER (Leipzig, 1938) y W. MARG (Zurich, 1970). No es posible señalar una traducción italiana de la obra completa de Hesíodo, pero véase nuestra bibliografía para las parciales.
OBRAS Y FRAGMENTOS, 4
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rio en cuestión incluye una exacta versión interlineal latina como acompañamiento de cada una de las tira- das de versos griegos comentados. Es verdad que son nulas las aportaciones de crítica textual (parece haber seguido la edición de Heinsio, Leiden, 1613); sus ex- plicaciones de realia nos resultan hoy bastante infan- tiles €,
El nivel escolar del texto griego de Martínez de Que- sada no es superado por otras dos ediciones parciales impresas en España *.
En cuanto a las traducciones castellanas, hemos po- dido hacer acopio de las siguientes Y:
1. Hestono, La Teogonía, versión directa y literal por Luis SE- GALÁ Y ESTALELLA, en Anuario de la Universidad de Barcelona correspondiente al curso de 1908 a 1909,
Es la misma que acompaña al texto griego ya men- cionado. Efectivamente, la traducción está hecha direc- tamente del griego, pero lo de «literal» hay que enten-
é Cf. L. GiL, «Un helenista desconocido: Antonio Martínez de Quesada (1718-1751)», Bol. Real Acad. Esp. 54 (1974), 379-440, donde se encontrará una detallada exposición de los datos que poseemos en torno a su vida y obra. Luis GIL descubrió el ma- nuscrito del Enchiridion en un desván de la Facultad de Dere- cho de la Universidad Complutense. Las ideas de L. GIL y al- gunas interpretaciones más particulares han sido recogidas por C. HERNANDO, Helenismo e Ilustración (el griego en el siglo XV11] español), Madrid, 1975, págs. 201-206 y 251.
é L. SEGALÁ Y ESTALELLA, Hesíodo, La Teogonía, Barcelona, 1910 (edición bilingite), y Hesíodo, Los trabajos y los días, Editorial Perficit, Salamanca, 1954.
é3 J. ANTONIO CONDE (1765-1820) realizó, entre otras muchas versiones de autores griegos, la primera traducción castellana de Los trabajos y los días y de la Teogonía; ambas traduc- ciones permanecen inéditas en un tomo encuadernado de la Academia de la Historia (P. 9-27-6-E-153). Cf. C. HERNANDO, Hele- nismo..., págs. 235-242. No he podido localizar la traducción de la Teogonía de la Editorial Shapire (Buenos Aires, 1943).
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derlo más bien en el sentido prosaico y retórico que la palabra tenía en el siglo pasado: abundan las perífrasis para construir períodos redondos. La transcripción de los nombres propios es correcta y el índice de los mis- mos puede suplir parcialmente la total carencia de no- tas que observamos.
2. El poema moral Trabajos y Días de Hesíodo, primera ver- sión castellana por MIGUEL JIMÉNEZ AQUINO, Madrid, 1919.
Al filo de la obra de P. WaLtz (Hésiode et son poéme moral, Burdeos, 1906), el estudio preliminar de Jiménez Aquino traza un anodino e imaginativo panorama de la laboriosa vida de Hesíodo, sin que falten unas páginas, bastante insulsas por cierto, dedicadas a establecer re- laciones entre Hesíodo y otros autores (Homero, Virgi- lio). Las mismas características expositivas son com- probables en las veinte notas finales, clarísimo expo- nente de los escasos conocimientos lingúísticos de este traductor en versos hendecasílabos: los errores son escalofriantes. Y es que, según nos confiesa en alguna parte, necesitaba que alguien que supiera griego le pro- porcionara previamente una traducción literal.
3. Hestopo, La Teogonía, El escudo de Heracles, Los trabajos y los días, traducción nueva del griego por LECONTE DB LISLE, versión española de GERMÁN GÓMEZ DE LA MaTa, Valencia [s. a. (1918?)].
Como el subtítulo indica, es una versión española de otra francesa de mediados del siglo xix (1869 en con- creto), y de esta última es el mérito, no del traductor castellano, ya que comete todo tipo de atrocidades en la transcripción de los nombres propios. Aunque la prosa resulta fluida, el regusto de Hesíodo queda muy distante. El poeta nos suena aquí igual que los /dilios
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de Bión y Mosco o los Himnos órficos que junto con él completan el volumen.
4. La Grecia Clásica, Hesíodo: La Teogonía, Los Trabajos y los Días, El escudo de Herakles..., traducción, noticias pre- liminares y notas de Juan BAUTISTA BERGUA, Madrid, 1969.
Henos aquí ante una alarmante muestra del bandole- rismo intelectual. El traductor no ha tenido el más mí- nimo recato a la hora de atracar el famoso banco de la no menos prestigiosa firma Paul Mazon (edición bi- lingúe ya citada), con lo que ha conseguido sin duda un pingúe botín económico: sus herederos han legali- zado incluso unas Ediciones de Clásicos Bergua. No sólo la traducción es un burdo calco del original fran- cés, sino que las introducciones («noticias» prelimina- res) son también el cohecho de tamaño filibusterismo.
5. Hestopo, Los trabajos y los días, prólogo, traducción del griego y notas por ANTONIO GONZÁLEZ Laso, Madrid, 1973 = 1964).
El prólogo resulta sentimental en exceso, está lleno de tópicos y carece de toda documentación bibliográ- fica. La traducción es fiel, pero sigue servilmente las interpretaciones de la conocida edición Didot. La ma- yoría de las notas son superfluas; parece como si el autor estuviese obsesionado por lograr alcanzar el nú- mero de las trescientas.
6. Hesítopo, Los trabajos y los días, La teogonía, El escudo de Heracles, versión establecida a la vista de los textos más autorizados, prólogo, presentación y estudio de los poemas, notas e índice de nombres propios por MARÍA JOSEFA LECLUY- SE y ENRIQUE PALAU, Barcelona, 1972 (= 1964).
No presumen los autores de haber hecho una versión directa. Se trata, en efecto, de una adaptación, también
INTRODUCCIÓN GENERAL 53
en estricta dependencia de la traducción francesa de Mazon, pero con un estilo muy superior al de Bergua (cf. número 4). Con todo, también aquí se echa de me- nos una cierta falta de honradez; se nos dice, por ejem- plo (pág. 21), que la traducción de Leconte de Lisle sólo ha servido como punto de referencia, y que, en cambio, ha sido muy útil la traducción al castellano de Germán Gómez de la Mata. Una de dos, o estos tra- ductores no saben que es la misma (cf. número 3) o hay que poner en dudas sus conocimientos de francés.
7. Epica Helena Post-Homérica, Hesfopbo, AEDAS HOMÉRICOS, APOLONIO DE RoDaAs, Teogonía, Trabajos y Días, Agón y frag- mentos; Himnos, Epigramas Homéricos y fragmentos, Los Argonautas, versión directa del griego por RAFAEL RAMÍREZ TORRES, México, 1963.
Se jacta el traductor de esta su «primera versión completa en castellano», cosa que sólo aparentemente es verdad. Cuando acudimos a leer su versión de los fragmentos de Hesíodo, nos encontramos con que el autor ni siquiera conoce la edición de Rzach, y tam- poco la de Evelyn-White, por lo que, a la altura de 1963, se limita a traducir los fragmentos más significativos de Lehrs en la colección Didot (París, 1840), que sólo incluye los 212 conocidos en esas fechas. Así, comienza por verter los fragmentos del Eguimio (sic). Sus indica- ciones bibliográficas van con medio siglo de retraso. La retórica de sus excursus teóricos llega al paroxismo. Y los anacronismos, por tanto, son constantes: «Ma- zon», por ejemplo, «anuncia una próxima edición de todo el material épico en fragmentos» (pág. 276). Con todo, a pesar de la tara cultural del traductor, su ver- sión tiene frecuentemente precisión y exactitud.
8. Hestopo, Teogonía, Trabajos y Días, estudio preliminar, no-
tas, bibliografía y traducción directa a cargo de AURELIO PÉ- REZ JIMÉNEZ, Barcelona, 1975.
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Son muy documentados tanto el estudio preliminar general como las presentaciones a las dos obras. La traducción puede parecer tal vez excesivamente literal, lo que sin duda es bueno. Existe algún que otro des- cuido en la transcripción de los nombres propios. Las notas, mucho más abundantes para los Trabajos que para la Teogonía, justifican siempre las variantes tex- tuales y de interpretación verificadas por el traductor.
Por todo lo expuesto, no creemos presunción el afir- mar que nuestra traducción es la única existente en castellano comprensiva de la totalidad de la obra co- nocida de Hesíodo 4.
4 En las distintas introducciones parciales especificamos la edición seguida en cada caso y las lecturas en que nos sepa- ramos de ella.
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edición de C. F. RANKE, Hesiodi quod fertur Scutum Herculis,
Quedlinburg-Leipzig, 1840.)
3. Lengua y estilo:
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5. Aspectos generales:
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71. Hesíodo y Oriente:
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OBRAS
TEOGONÍA
INTRODUCCIÓN
Valor literario de la «Teogonía»
El nombre de Teogonía con que se conoce este poema de Hesíodo le fue aplicado probablemente por los ale- jandrinos y aparece por primera vez en un fragmento de Crisipo!,
Su autenticidad, si se prescinde de algunos pasajes problemáticos ?, es admitida hoy día por casi todos los comentaristas. El sello que el propio Hesíodo puso al comienzo del Proemio, parece elemento más que sufici- ciente para aceptar su genuinidad a pesar de algunos autores disidentes cuyos argumentos se han demostra- do poco sólidos 3.
Respecto a los Trabajos y Días, hay datos en ambos poemas que evidencian la prioridad de la Teogonía. Los principales pueden resumirse así:
'- Cf. M. L. West, Theogony..., pág. 150.
2 Sobre todo la Descripción del Tártaro (736-819), el Episodio de Tifón (820-85) y el Catálogo de héroes (965-final) todos nega- dos por G. S. KIRK, «The structure and aim of the Theogony», Hésiode et son influence. Entretiens sur l'Antiquité classique 7, Vandoeuvres-Ginebra, 1960, págs. 63-107, y defendidos por M. L. WeEsT.
3 Por ejemplo, M. P. WaLTZ citado y rebatido por P. MAzoN, Hésiode..., pág. 3.
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La noticia del Proemio de la Teogonía en que Hesíodo nos habla de esta obra como su iniciación poética.
La referencia a dos Erides en Trab. 11 en lugar de la única de Teog. 225, en un tono que parece demostrar la conciencia que tiene el poeta de esa rectificación.
En Trab. 635 nos dice Hesíodo que ofreció el trípode ganado en Calcis a las Musas del Helicón «que me iniciaron en el canto» con lo que se viene a ratificar en la afirmación del Proemio de la Teo- gonía.
Por lo que se refiere a las fuentes, ya hemos hecho una larga exposición de las relaciones entre los mitos de la Teogonía y otros de origen oriental, por lo que no insistiremos en este punto; de otra parte, es evidente la dependencia estilística respecto a Homero y la exis- tencia de antiguas cosmogonías griegas como la que nos habla del origen del mundo en la Noche, el Caos y el Amor, que han sido recogidas por Hesíodo y pa- saron directamente o a través de los círculos órficos a Aristófanes, Platón y Aristóteles.
Literariamente, el poema se nos presenta muy des- igual, formado por una serie de catálogos y genealo- gías que él mismo establece en virtud de asociaciones lógicas o cuyos principios le vienen dados por el mito o el culto tradicional.
Catálogos de nombres, genealogías, escasos mitos y digresiones, todo ello hace que el lector encuentre un tanto desilusionado la realidad que encierran las pala- bras de B. Snell al referirse a la Teogonía: «A la ma- nera del lamento de Schiller sobre los dioses perdidos de Grecia, podría uno imaginar que Hesíodo, al cantar los orígenes de los dioses, diría las alabanzas de los seres encantadores que pueblan la naturaleza viviente,
TEOGONÍA 65
las ninfas, las dríadas, los tritones... Pero en realidad, su Obra, al menos a primera vista, resulta una pieza literaria bastante sobria. Casi no nos da más que las genealogías de los dioses de suerte que durante largos trechos no es más que una sartá de nombres; tal dios se casó con tal diosa y tuvieron tales y tales hijos. ¿Qué significan para nosotros estos nombres?» *.
Es entonces, al buscar el valor real de esos nombres, cuando se comprende la fuerza poética 5 de la Teogonía. El gran sentido de la Teogonía es su divinización del mundo que nos rodea, la pérsonificación de los fenó- menos y actividades que implican el éxito y el fracaso, la alegría y el dolor, en una palabra, la vida humana. Hesíodo se impone la tarea de convertir en entidaces eternas todas las circunstancias pasajeras de esa vida y tal proceso de personificación sólo culmina cuando el fenómeno o potencia en cuestión recibe un nombre que le individualiza.
Pero su objetivo no es sólo exponer, como poeta- profeta, su interpretación de esas realidades humanas, sino explicar, impresionado quizás por el estricto orden del Universo, la clave religiosa de esa armonía.
En este sentido, Hesíodo recurre a la solución brin- dada por unos mitos procedentes de civilizaciones más antiguas cuyas respuestas encajan' perfectamente con ese sentir religioso del poeta. La clave del orden cósmi- co radica en el triunfo total del bien sobre el mal, de lo justo sobre lo injusto: Urano es malvado y violento, por lo que encuentra su castigo a manos de Cronos. Éste a su vez es también cruel y tiránico y Zeus cas-'
1% B, SNELL, Las fuentes..., pág. 69.
5 Dice TH. PH. FELDMAN, «Personification and Structure in Hesiod's Theogony», Symb. Osl. 47 (1971), pág. 8: «Hesíodo desarrolla su Teogonía más por alusión, ambigiiedad y asociación que por exposición directa o por un sistema de relátos estrecha- : mente hilvanados».
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tigará su pecado. Pero Zeus es todo orden y justicia y en consecuencia su soberanía será eterna:
«Reina aquél sobre el cielo y es dueño del trueno y del llameante rayo, desde que venció con su poder al padre Cronos. Perfectamente repartió por igual todas las cosas entre los Inmortales y fijó sus prerrogati- vas» É,
La Teogonía es, pues, el poema de los dioses y en su evolución, Hesíodo se muestra optimista. El mito de las sucesiones implica un proceso progresivo desde el Caos hasta el orden perfecto sancionado por la justicia de Zeus. Nos encontramos, finalmente, ante el primer poe- ma griego que busca una explicación divina al orden del mundo y que basa esa explicación en el triunfo definitivo del bien sobre el mal; la misma dualidad en suma que nos dará la clave a un nivel humano, en los Trabajos, de la miseria y el caos que aqueja a los hom- bres en sus relaciones sociales.
Esquema de la Teogonía
1. Proemio: 1-115. Musas en el Helicón: Programa e iniciación de Hesíodo (1-35). Musas en el Olimpo: Nacimiento, llegada al Olimpo y nombres (36-80). Acción de las Musas sobre los hombres (8-103). Invocación (104-115).
2. Cosmogonía: 116-25.
3. Primera generación de dioses: 126-210. Hijos de Gea y Urano (126-53). Mito de la castración de Urano (154-82). Hijos de Urano (183-210).
4. Segunda generación de dioses: 211-239. Hijos de la Noche y de Eris (211-32). Hijos de Gea y Ponto (233-9).
5. Tercera generación de dioses: 240-885. Nietos del Ponto (240- 336): Nereidas (240-64); hijos de Taumante y Electra (265-9); descendientes de Ceto y Forcis (270-336). Nietos de Urano
s Teog. “11.
TEOGONÍA 67
(337-885): Hijos de Tetis y Océano (337-70); hijos de Tea e Hiperión (3714); Hijos de Crios y Euribia (375-88); hijos de Febe y Ceos (404-52) (incluye el himno a Hécate: 429-52); hijos de Cronos y Rea (453-506); hijos de Jápeto y Climene (507-616) (incluye el mito de Prometeo: 535-616).
6. Luchas de Zeus por el poder: 617-885. Titanomaquia (617-728). Descripción del Tártaro (729-819). Nacimiento de Tifón (820- 35). Tifonomaquia (836-68). Hijos de Tifón (869-85).
7. Cuarta generación de dioses: 886-962. Hijos de Zeus con dio- sas y nacimiento de Atenea y Hefesto (886-929). Hijos de Poseidón-Anfítrite y Ares-Afrodita (930-7). Otros hijos de Zeus (938-44). Otros matrimonios divinos (945-62).
8. Catálogo de héroes: 965-1.018.
9. Proemio al Catálogo de heroínas: 1.019-22.
Nuestra traducción .
Como texto base para nuestra traducción, hemos se- guido la edición de F. Solmsen citada en la Bibliogra- fía general, si bien en algunos casos nos inclinamos por lecturas o puntuación de P. Mazon o M. L. West. Con el fin de que el especialista pueda conocer los puntos en que diferimos de Solmsen, presentamos a continuación una tabla de divergencias con indicación del editor cuya lectura seguimos aunque no se deba a su autoridad:
Lectura Verso de Solmsen Lectura nuestra 243 Mpotó Motó MAZON 304-332 atetizados atet. sólo 3234 MAZON 439 después de 438 después de 433 West 497 xorramivoy xatariwv MAZON 526-34 atetizados sin atetizar MAZON 540 tolc 5* adr”... TO 5* at... MAZON 578-84 atetizados sin atetizar MAZON
602.12 atetizados sin atetizar MAZON
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Verso
710
789 886-991
930-62
OBRAS
Lectura de Solmsern
tras E¿pidoc punto tras Epyov coma tras képac coma atetizado hasta Aeótepov en 991 atetizado
Lectura nuestra
tras ¿pidoc coma tras Epyov punto MAZON tras képac punto alto Mazoy
sin atetizar MAZON
sin atetizar MAZON
TEOGONÍA
Comencemos nuestro canto por ida las Musas Heliconíadas, que ha- eivel Helicon bitan la montaña grande y divina del Helicón. Con sus pies delica- dos danzan en torno a una fuen- te de violáceos reflejos y al altar del muy poderoso Cronión. Después de lavar su piel suave en las aguas del Permeso, en la Fuente del Caballo o en el divino Olmeo, forman bellos y deliciosos coros en la cumbre del Helicón y se cimbrean vivamente sobre sus pies. Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillo- sa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a Posidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable Temis, a Afrodita de ojos vivos, [a Hebe de áurea co- rona, a la bella Dione, a Eos, al alto Helios y a la brillante Selene,] a Leto, a Jápeto, a Cronos de retor- cida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos Inmortales !.
! Se ha dicho de este Catálogo que es un programa de la Teogonía en sucesión inversa; se ha pensado que es una breve
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Ellas precisamente enseñaron una vez a Hesíodo un bello canto mientras apacentaba sus ovejas al pie del divino Helicón. Este mensaje a mí en primer lugar me dirigieron las diosas, las Musas Olímpicas, hijas de Zeus portador de la égida:
«¡Pastores del campo, triste oprobio, vientres tan sólo! Sabemos decir muchas mentiras con apariencia
alusión al material de que dispone el poeta para su obra y se han querido introducir correcciones o atetizar algunos nombres. Lo cierto es que Hesíodo al componer este Catálogo no ha se- guido las normas genealógicas que rigen los otros de la Teo- gonía.
A simple vista, podría parecer que la relación y el orden de los dioses citados es anárquico; pero un análisis más detallado del contenido nos permite observar ciertas normas en la com- posición:
La asociación familiar entre Zeus, Hera (su principal espo- sa), Atenea, Apolo y Artemis (sus hijos) y Posidón (su herma- no), puede explicar el orden de estos primeros dioses. Á con- tinuación se cita a Temis (otra esposa de Zeus) y Afrodita que en los Himnos Homéricos aparece asociada a Temis; Afrodita sugiere a Hebe (la Juventud) y a Dione (su madre en Homero), cuya asociación con Leto es también tradicional en los Himnos. Por último, estas dos diosas, ambas Titánides, sugieren a Jápe- to, Cronos y, retrospectivamente, a Gea, Océano, Aurora, Helios y Noche, divinidades elementales. Es curiosa la ausencia de Urano.
Las coincidencias con Homero y los Himnos permiten suponer que el Catálogo no fuera elaboración de Hesíodo, sino una lista popular que el poeta recibe de la tradición (Cf. M. L. Wesr, Theogony, pág. 156) e inserta en su poema. En todo caso, como advierte B. SNELL (Las fuentes..., pág. 85), con él, Hesíodo quie- re mostrar a Zeus en su función de soberano, resaltada más adelante en el Mito de la Sucesión.
Desde este punto de vista, B. SNELL busca la clave del Catá- logo en la dignidad y santidad de los dioses enumerados: Zeus aparece como portador de la égida, símbolo de su poder; Hera como señora, esposa de Zeus; Posidón sigue a las divinidades celestes como dios de un elemento más estéril, el mar; y así sucesivamente: el Derecho divino precede al Amor; éste a la Belleza representada en Hebe, etc., para terminar con personifi- caciones naturales como la Aurora, el Sol y la Noche.
TEOGONÍA 71
de verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad.»
Así dijeron las hijas bienhabladas del poderoso Zeus. Y me dieron un cetro después de cortar una admirable rama de florido laurel. Infundiéronme voz divina para celebrar el futuro y el pasado y me encargaron alabar con himnos la estirpe de los felices Sempiternos y cantarles siempre a ellas mismas al principio y al final. Mas, ¿a qué me detengo con esto en torno a la encina o la roca??.
2 Expresión proverbial de sentido dudoso. M. EL. West, en un exhaustivo análisis del pasaje en cuestión (Theogony..., pá- ginas 167-9), recoge los diferentes testimonios de la Literatura griega en que aparecen juntas la encina y la roca. Destacan entre ellos Odisea, X1X 163, que parece aludir al origen de los hom- bres a partir de la encina y de la roca, e Ilíada XXII 126-7, donde se aplica a la conversación.
W. J. VERDENIUS (citado por WesT) había interpretado el verso de Hesíodo como «hablar sobre los asuntos privados de uno» partiendo del sentido de descendencia atribuido a dichos obje- tos (= «hablar sobre el origen propio»). West que se muestra escéptico respecto a la tesis de VERDENIUS, pasa luego a exami- nar las distintas posibilidades que el proverbio puede tener en su referencia al lenguaje:
— ¿Para qué hacer digresiones?
— ¿Por qué voy dando vueltas? (comienza por la necesidad de iniciar el canto por las Musas y ahora vuelve al mismo tema).
— ¿Para qué presumir de mi iniciación poética?
— ¿A qué detenerse en lo menos importante en lugar de co- menzar ya con lo esencial?
— ¿Para qué contar lo que nadie va a creer?
Pero ninguna de estas posibilidades parece convencer a Wesr, que insiste en el valor local de Perí con acusativo en la época temprana; de acuerdo con este valor, no podemos entender «en relación con la piedra o la encina», sino «dando vueltas alrede- dor de la piedra o la encina».
H. HOFFMANN, en un artículo sobre el mismo tema («Hesiod Theogonie v. 35», y Gymnastum 78 (1971), 90-97), ha demostrado en cambio que la preposición citada puede tener ese valor no local que le atribuía VERDENIUS el cual ha vuelto a defender nuevamente su teoría más verosímil después del comentario de
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¡Ea, tú! 3, comencemos por las
Misas Musas que a Zeus padre con him-
en el Olimpo nos alegran su inmenso corazón dentro del Olimpo, narrando al
unísono el presente, el pasado y
el futuro. Infatigable brota de sus bocas la grata voz.
Se torna resplandeciente la mansión del muy resonan- te Zeus padre al propagarse el delicado canto de las diosas y retumba la nevada cumbre del Olimpo y los pa- lacios de los Inmortales.
Ellas, lanzando al viento su voz inmortal, alaban con su canto primero, desde el origen, la augusta estirpe de los dioses a los que engendró Gea y el vasto Urano y los que de aquéllos nacieron, los dioses dadores de bienes. Luego, a Zeus padre de dioses y hombres, [al comienzo y al final de su canto, celebran las diosas], cámo sobresale con mucho entre los dioses y es el de más poder. Y cuando cantan la raza de los hombres y los violentos Gigantes, regocijan el corazón de Zeus dentro del Olimpo las Musas Olímpicas, hijas de Zeus portador de la égida.
Las alumbró en Pjeria, amancebada con el padre Cró- nida, Mnemósine, señora de las colinas de Eleuter, como olvido de males y remedio de preocupaciones. Nueve noches se unió con ella el prudente Zeus su-
biendo a su lecho sagrado, lejos de los Inmortales. Y cuando ya era el momento y dieron la vuelta las esta- ciones, con el paso de los meses, y se cumplieron mu-
HOFFMANN (cf. W. J. VERDENIUS, «Notes on the Proem of He- siod's Thepgony», Mnemosyne IV, 25 (1972), 240-1).
Por nuestra parte creemos que el sentido del verso sigue siendo oscuro y hemos preferido conservar la ambigiiedad del texto griego traduciendo la preposición por «en torno a», que puede entenderse en sentido local (WEsT) o de relación (VER- DENIUS).
3 El poeta se dirige a sí mismo. Hasta PÍNDARO (Pítica 1 81)
no se encuentra otro ejemplo en la poesía griega.
TEOGONÍA 73
chos días, nueve jóvenes de iguales pensamientos, inte- resadas sólo por el canto y con un corazón exento de dolores en su pecho, dio a luz aquélla, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo.
Allí forman alegres coros y habitan suntuosos pala- cios. Junto a ellas viven, entre fiestas, las Gracias e Hímero. Y una deliciosa voz lanzando por su boca, can- tan y celebran las normas y sabias costumbres de to- dos los Inmortales, [lanzando al viento su encantadora voz].
Aquéllas iban entonces hacia el Olimpo, engalanadas con su bello canto, inmortal melodía. Retumbaba en torno la oscura tierra al son de sus cantos, y un deli- cioso ruido subía de debajo de sus pies al tiempo que marchaban al palacio de su padre. Reina aquél sobre el cielo y es dueño del trueno y del llameante rayo, desde que venció con su poder al padre Cronos. Perfecta- mente repartió por igual todas las cosas entre los In- mortales y fijó sus prerrogativas.
Esto cantaban las Musas que habitan las mansiones olímpicas, las nueve hijas nacidas del poderoso Zeus: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Po- limnia, Urania y Calíope*, Esta es la más importante de todas, pues ella asiste a los venerables reyes.
* Visto aislada y superficialmente, el Catálogo de las Musas inserto entre el canto de las Musas Olímpicas y la referencia a su acción sobre los hombres, no nos dice nada. A este respecto, nos parece oportuno reproducir unas palabras de P. WALcoT que recogemos de TH. PH. FELDMAN, «Personification and Structure in Hesiod's Theogony», Symb. Osl. 47 (1971), 28, nota 70: «Sólo cuando se ha reconocido que el propio acto de creación está implicado cada vez que Hesíodo interrumpe su narración para ofrecer una lista de nombres, puede extraerse algún sentido del catálogo de nombres de las Musas o de la Teogonía como un todo». Pero, ¿cuáles son las fases de ese acto de creación?
Los nueve hombres que nos da Hesíodo significan respectiva- mente: «La que da fama, La muy encantadora, La festiva, La
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Al que honran las hijas del po-
Ys de deroso Zeus y advierten que des- as usas , 2
antro: los ciende de los reyes vástagos de hombres Zeus, a éste le derraman sobre su
lengua una dulce gota de miel y de su boca fluyen melifluas palabras. Todos fijan en él su mirada cuando interpreta las leyes divinas con rectas sentencias” y él con firmes palabras en un mo-
que canta, La que ama el baile, La deliciosa, La de variados himnos, La celestial y La de bella voz.
Pues bien, esos nombres, como se ha sugerido más de una vez, son anticipados a lo largo de la descripción anterior con palabras que de una forma u otra se relacionan con ellos. Así el de Clío por la frecuente repetición del verbo «celebrar» (kleí0) y el sustantivo «fama» (kléos) el de Euterpe por la forma térpousi de v. 37, Talía, Melpómene y Terpsíicore por las constantes referencias al canto (p. ej., mélpontai en v. 66) y la danza, Erato en el epíteto eratós («delicioso») y Polimnia por la variedad de sus himnos (cf. vv. 11 y ss.).
En cuanto al origen del nombre Urania, B. SneLL lo ha ex- plicado por el adjetivo Olímpicas de v. 25, señalando que «He- siodo significa con ello que la Poesía, como dice Homero, llega hasta el cielo hacia allí propagada por las Musas por encima del espacio y del tiempo», pero nos parece más afortunada la expli- cación de FRIEDLANDER que se basa en la frase «que reina en el cielo» de v. 71 (para las citas cf. K. DEICHGRABER, «Die Musen, Nereiden und Okeaninen in Hesiods Theogonie» (Abhandlungen der Geistes- und Sozialwissenschaft Klasse. Akademie der Wissenschaften und der Literatur, Wiesbaden, 1965, págs. 182-3); la objeción de K. DEICHGRABER de que esa frase no tiene que ver de forma inmediata con las Musas, no es convincente en cuanto que la soberanía de Zeus en el cielo es el tema funda- mental de su canto en el Proemio.
Por último, la importancia concedida a Calíope ha sido co- rrectamente explicada por B. SNELL (Las fuentes..., pág. 71), que pone su nombre en relación con el papel desempeñado por las Musas entre los hombres: es la que otorga una «bella voz» tanto en timbre como en contenido; viene a ser así la repre- sentante de lo que las propias Musas dicen a Hesíodo: «Y sa- bemos también, cuando queremos, proclamar la verdad».
3 La díke, en su origen, es el orden normal de los aconteci-
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mento resuelve sabiamente un pleito por grande que sea. Pues aquí radica el que los reyes sean sabios, en que hacen cumplir en el ágora los actos de reparación
a favor de la gente agraviada fácilmente, con persua- 90 sivas y complacientes palabras. Y cuando se dirige al tribunal, como a un dios le propician con dulce res- peto y él brilla en medio del vulgo. ¡Tan sagrado es el don de las Musas para los hombres!
De las Musas y del flechador Apolo descienden los os aedos y citaristas que hay sobre la tierra; y de Zeus, los reyes. ¡Dichoso aquel de quien se prendan las Mu- sas! Dulce le brota la voz de la boca. Pues si alguien, víctima de una desgracia, con el alma recién desga- rrada se consume afligido en su corazón, luego que un aedo servidor de las Musas cante las gestas de los an- 100 tiguos y ensalce a los felices dioses que habitan el Olimpo, al punto se olvida aquél de sus penas y ya no se acuerda de ninguna desgracia. ¡Rápidamente cambian el ánimo los regalos de las diosas!
¡Salud, hijas de Zeus! Otorgad- : me el hechizo de vuestro canto.
Invocación :
y programa Celebrad la estirpe sagrada de los 105 sempiternos Inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado
Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. [Decid también cómo nacie-
mientos; referida luego al plano social, vino a significar el ve- redicto o sentencia que vuelve a enderezar lo torcido. Por su parte, thémis era el asiento que ocupaban los «reyes en la Asamblea para administrar justicia (cf. M. S. RUIPÉREZ, «His- toria de Thémis en Homero», Emerita 28 [1960], 99 ss.) y de ahí vino a significar el «Derecho divino» que esos reyes podían interpretar gracias a las atribuciones conferidas por Zeus me- diante el báculo símbolo de su potestad. Ellos conocen así esas thémistes y en el juicio tienen que restablecer su alteración mediante las díkat o «veredictos», que, como se ve mejor en Trabajos (p. ej., v. 36 y 221), pueden ser «rectas» o «torcidas» según se ajusten o no a las thémistes.
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ron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el ¡limi- tado ponto de agitadas olas y, allí arriba, los relucien- tes astros y el anchuroso cielo.] Y los descendientes de aquéllos, los dioses dadores de bienes, cómo se re- partieron la riqueza, cómo se dividieron los honores y cómo además, por primera vez, habitaron el muy abrup- to Olimpo. Inspiradme esto, Musas que desde un prin- cipio habitáis las mansiones olímpicas, y decidme lo que hubo antes de aquéllos. En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, Cosmogonía sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. [En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro.] Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.
Del Caos surgieron Érebo y la negra Noche. De la Noche a su vez nacieron el Éter y el Día, a los que alumbró preñada en contacto amoroso con Érebo.
Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Mon- tañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habi- tan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio.
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Luego, acostada con Urano, Hijos de Gea alumbró a Océano de profundas y Urano corrientes, a Ceo, a Crío, a Hipe- rión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y.a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre. Dio a luz además a los Cíclopes de soberbio espíritu, a Brontes, a Estéropes y al violento Arges, que rega- laron a Zéus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos en lo demás eran semejantes a los dioses, [pero en medio de su frente había un solo ojo]. Cíclopes era su nombre por eponimia f, ya que, efectivamente, un solo ojo completamente redondo se hallaba en su frente. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos. También de Gea y Urano nacieron otros tres hijos enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciar- se”: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien brazos informes salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente po- derosa:se albergaba en su enorme cuerpo.
$ En griego kyklos significa «redondo» y Úrs avista».
?” La expresión responde al temor de nombrar a los dioses infernales por su nombre. La misma actitud apotropaica se ob- serva en Teogonía v. 310 (cf. n. 41 y 60 a Trabajos). Sin embargo, como señala M. L. West (Theogony, n. a 148), si bien esta creen- cia es el punto de partida para tales expresiones, Hesíodo no parece tenerla en cuenta aquí, ya que inmediatamente da sus nombres..
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Pues bien, cuantos nacieron de
155 Midscdda Gea y Urano, los hijos más te- la castración rribles, estaban irritados con su de Urano padre desde siempre. Y cada vez
que alguno de ellos estaba a pun- to de nacer, Urano los retenía a todos ocultos en el seno de Gea sin dejarles salir a la luz y se gozaba cí- nicamente con su malvada acción.
160 La monstruosa Gea, a punto de reventar, se quejaba en su interior y urdió una cruel artimaña. Producien- do al punto un tipo de brillante acero, forjó una enor- me hoz y luego explicó el plan a sus hijos. Armada de valor dijo afligida en su corazón:
«¡Hijos míos y de soberbio padre! Si queréis seguir
165 mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones.»
Así habló y lógicamente un temor los dominó a to- dos y ninguno de ellos se atrevió a hablar. Mas el po- deroso Cronos, de mente retorcida, armado de valor, al punto respondió con estas palabras a su prudente madre:
170 «Madre, yo podría, lo prometo, realizar dicha empre- sa, ya que no siento piedad por nuestro abominable padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas ac- ciones.»
Así habló. La monstruosa Gea se alegró mucho en su corazón y le apostó secretamente en emboscada. Puso
175 en sus manos una hoz de agudos dientes y disimuló perfectamente la trampa.
Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se echó sobre la tierra ansioso de amor y se extendió por todas partes. El hijo, saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la dere-
180 Cha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y
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apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás.
No en vano escaparon aquéllos de su mano. Pues cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las poderosas Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en su mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto a los genitales, desde el preciso instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella.
Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se dirigió después a Chipre rodeada de corrientes. Salió del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados pies crecía la hierba en torno. Afrodita [...]* la llaman los dioses y hombres, porque nació en medio de la es- puma?, y también Citerea, porque se dirigió a Citera. Ciprogénea, porque nació en Chipre de muchas olas, [y Filomédea, porque surgió de los genitales] 1,
La acompañó Eros y la siguió el bello Hímero al prin- cipio cuando nació, y luego en su marcha hacia la tribu de los dioses. Y estas atribuciones posee desde el co- mienzo y ha recibido como lote entre los hombres y dioses inmortales: las intimidades con doncellas, las sonrisas, los engaños, el dulce placer, el amor y la dulzura.
A estos dioses su padre, el poderoso Urano, les dio el nombre de Titanes aplicando tal insulto a los hijos que él mismo engendró. Decía que en su intento, con teme-
' Verso 196: [diosa nacida de la espuma, y Citerea de bella corona].
> En griego áphros significa «espuma».
19 De philos («hijo») y médea («genitales»).
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raria insensatez habían cometido un acto terrible por el que luego tendrían justo castigo. Parió la Noche al maldito Mo-
Hijos de ros, a la negra Ker y a Tánato; la Noche parió también a Hipnos y engen- y de Eris dró la tribu de los Sueños. Luego
además la diosa, la oscura Noche, dio a luz sin acostarse con nadie a la Burla, al dolo- roso Lamento y a las Hespérides que, al otro lado del ilustre Océano, cuidan las bellas manzanas de oro y los árboles que producen el fruto.
Parió igualmente a las Moiras y las Keres, vengadoras implacables: a Cloto, a Láquesis y a Átropo que con- ceden a los mortales, cuando nacen, la posesión del bien y del mal y persiguen los delitos de hombres y dioses. Nunca cejan las diosas en su terrible cólera antes de aplicar un amargo castigo a quien comete delitos.
También alumbró a Némesis, azote para los hombres mortales, la funesta Noche. Después de ella tuvo al Engaño, la Ternura y la funesta Vejez, y engendró a la astuta Eris.
Por su parte la maldita Eris parió a la dolorosa Fa- tiga, al Olvido, al Hambre y los Dolores que causan llanto, a los Combates, Guerras, Matanzas, Masacres, Odios, Mentiras, Discursos, Ambigiiedades, al Desorden y la Destrucción, compañeros inseparables, y al Jura- mento, el que más dolores proporciona a los hombres de la tierra siempre que alguno perjura voluntaria- mente.
11! Destacamos intento y tendrían para subrayar de alguna for- ma en la traducción el juego de palabras Titenas... titaínontás («en su intento»)... tísin («castigo») con que Hesíodo justifica el nombre de los Uránidas.
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El Ponto engendró al sincero y veraz Nereo, el mayor de sus hi-
Hijos del jos. Además le llaman Viejo, por- QUO que, infalible y benévolo, no se le
ocultan las leyes divinas, sino que
conoce justos y sabios designios. Luego engendró, aman-
cebado con Gea, al enorme Taumante, al arrogante For-
cis, y a Ceto de hermosas mejillas y Euribia que al- berga en su pecho corazón de acero.
Adorables y divinas hijas nacie-
ron en el ponto estéril de Nereo
Catálogo de las y Doris de hermosos cabellos hija Nereidas del Océano río perfecto: Ploto,
Eucranta, Sao, Anfítrite, Eudora, Tetis, Galena, Glauca, Cimótoa, Espeo, Toa, la amable Halía, Pasíitea, Erato, Eunica de rosados brazos, la gra- ciosa Melita, Eulímena, Agave, Doto, Proto, Ferusa, Dinámena, Nesea, Actea, Protomedea, Doris, Pánope, la hermosa Galatea, la encantadora Hipótoa, Hipónoa de rosados brazos, Cimódoca que calma sin esfuerzo el oleaje en el sombrío ponto y las ráfagas de los vientos huracanados junto con Cimatolega y Anfítrite de bellos tobillos, Cimo, Égone, Halimeda de bella corona, la ri- sueña Glaucónoma, Pontoporea, Leágora, Evágora, Lao- medea, Polínoa, Autónoa, Lisiánasa, Evarna de encan- tadora figura y belleza sin tacha, Psámata de gracioso porte, la divina Menipa, Neso, Eupompa, Temisto, Pró- noa y Nemertes que tiene la inteligencia de su inmortal padre 2,
12 Algunos de estos nombres aparecen también en Homero: Tetis, Glauca, Nesea, Espeo, Actea, Cimótoa, Cimódoca y Ágave. «Estos nombres —dice B. SNELL— nos dan una imagen viva e impresionante del mar Egeo: brillante, incesantemente movido, sembrado de islas, rodeado de grutas y acantilados. Pero en ello sólo se acepta lo visible, lo exterior» (B. SneELL, Las Fuentes..., página 72). Hay una sensible diferencia con las Nereidas de He-
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Estas cincuenta hijas nacieron del intachable Nereo, expertas en obras intachables.
Taumante se llevó a Electra,
Hijos hija del Océano de profundas co-
de Taumante rrientes. Ésta parió a la veloz Iris y Electra
y a las Harpías de hermosos ca- bellos, Aelo y Ocípeta, que con sus rápidas alas compiten con las ráfagas de los vien- tos y con las aves; pues ya se lanzaban por los aires.
síodo que reflejan más precisamente el tráfico mercantil que cruza el Egeo en los siglos vin-v11 a. C. A los nombres des- criptivos de Homero se suman otros referentes al tráfico mari- no. Para guía del lector recogemos el sentido de estos nombres:
Ploto (La naviera), Eucranta (La que concede coronar el fin), Sao (Salvadora), Eudora (La que da prosperidad), Galena (La calma), Glauca (Azulada), Cimótoa (De rápidas olas), Espeo (La de las grutas), Toa (La rápida), Halía (Salada), Pasítea (La muy divina), Erato (Deliciosa), Eunica (De fácil victoria), Melita (La dulce), Eulímena (La de buen puerto), Ágave (La resplandecien- te), Doto (Dadivosa), Proto (La primera), Ferusa (La que lle- va), Dinámena (La potente), Nesea (Isleña) Actea (La de los acantilados), Protomedea (Primera en pensamientos), Doris (La que regala), Pánope (La que todo lo ve), Hipótoa (Veloz como un caballo), Hipónoa (Inteligente como el caballo), Cimódoca (La que recibe las olas), Cimatolega (Que calma el oleaje), Cimo (La de las olas), Éyone (La del fondeadero), Halimeda (Que cuida del mar), Glaucónoma (La de azulado prado), Pontoporea (Que permite atravesar el ponto), Leágora (La de suave palabra), Evágora (Elocuente), Laomedea (Que cuida del pueblo), Polínoa (La que mucho entiende) Autónoa (La que se entiende a sí misma), Lisiánasa (Señora de la libertad), Evarna (Rica en ga- nado), Psámata (La arenosa), Menipa (La del vigor de caballo), Neso (Isla), Eupompa (De feliz viaje), Temisto (Observadora de las leyes divinas), Prónoa (Previsora), Nemertes (La sin tacha). No tienen etimología clara Anfítrite, Tetis y Galatea.
Para una clasificación de estos nombres, remitimos a nuestra traducción de Hesíodo (Barcelona, 1975), págs. 79-81.
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A su vez Ceto tuvo con Forcis !?
Descendientes a las Grayas de bellas mejillas, de Ceto canosas desde su nacimiento; las y Forcis
llaman Viejas los dioses inmorta- les y los hombres que pululan por la tierra. También a Penfredo de bello peplo, a Enío de peplo azafranado y a las Gorgonas que viven al otro lado del ilustre Océano, en el confín del mundo hacia la noche, donde las Hespérides de aguda voz: Es- teno, Euríala y la Medusa desventurada; ésta era mortal y las otras inmortales y exentas de vejez las dos.
Con ella sola se acostó el de Azulada Cabellera '* en un suave prado, entre primaverales flores. Y cuando Perseo le cercenó la cabeza, de dentro brotó el enorme Crisaor y el caballo Pégaso. A éste le venía el nombre de que nació junto a los manantiales 1 del Océano, y a aquél porque tenía en sus manos una espada de oro ''.
13 Para facilitar la comprensión de este pasaje recogemos el siguiente cuadro genealógico de M. L. West (Theogony):
Ceto-Forcis
Grayas Gorgounas Equidna-Tifón Monstruo
Medusa-Posidón
Orto Cerbero. Hidra-? |
Pégaso Crisaor-Calírroe Quimera-Orto
| Gerión | ]
Esfinge León Nemeo
l£ Epíteto de Posidón. 5 En griego pégé significa «manantial». 16 De chrysós («oro») y áor («espada»).
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Pégaso, levantando el vuelo y abandonando la tierra madre de rebaños, marchó a la mansión de los Inmor- tales y allí habita, en los palacios de Zeus, llevando el trueno y el rayo al prudente Zeus. Crisaor engendró al tricéfalo Gerión unido con Calírroe hija del ilustre Océano; a éste lo mató el fornido Heracles por sus bueyes de marcha basculante en Eritea rodeada de co- rrientes. Fue aquel día en que arrastró los bueyes de ancha frente hasta la sagrada Tirinto, atravesando la corriente del Océano [después de matar a Orto y al bo- yero Euritión en su sombrío establo, al otro lado del ilustre Océano].
Otro monstruo extraordinario, en nada parecido a los hombres mortales ni a los inmortales dioses, tuvo Me- dusa en una cóncava gruta: la divina y astuta Equid- na, mitad ninfa de ojos vivos y hermosas mejillas, mitad en cambio monstruosa y terrible serpiente, enorme, jaspeada y sanguinaria, bajo las entrañas de la venera- ble tierra. Allí habita una caverna en las profundidades, bajo una oronda roca, lejos de los inmortales dioses y de los humanos mortales; allí entonces le dieron como parte los dioses habitar ilustres mansiones. [Y fue re- tenida en el país de los Arimos ”, bajo la tierra, la fu- nesta Equidna ninfa inmortal y exenta de vejez, por todos los siglos].
Con ella cuentan que el terrible, violento y malvado Tifón tuvo contacto amoroso, con la joven de vivos ojos. Y preñada, dio a luz feroces hijos: primero parió al perro Orto para Gerión. En segundo lugar tuvo un
17 Hay dudas sobre la localización de este pueblo. Algunos lo sitúan en la región montañosa existente entre Lidia, Misia y Frigia; otros lo identifican con los habitantes etruscos de Pi- tecusa, conciliando así la versión hesiódica con el pasaje homé- rico de Tifón que le sitúa en Occidente. Según Calístenes, los árimos vivían en Cilicia. (Para detalles y citas, cf. M. L. Wesr, Theogony, págs. 250-1).
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prodigioso hijo, indecible, el sanguinario Cerbero, pe- rro de broncíneo ladrido de Hades, de cincuenta cabe- zas, despiadado y feroz. En tercer lugar engendró a la perversa Hidra de Lerna, a la que alimentó Hera, diosa de blancos brazos, irritada terriblemente con el fornido Heracles. La aniquiló el hijo de Zeus con su implacable bronce, el Anfitriónida Heracles, con ayuda del belico- so Yolao, según los planes de Atenea amiga de botín.
La Hidra parió a la terrible, enorme, ágil y violenta Quimera, que exhala indómito fuego. Tres eran sus ca- bezas: una de león de encendidos ojos, otra de cabra y la tercera de serpiente, de violento dragón. [León por delante, dragón por detrás y cabra en medio, resoplaba una terrible y ardiente llama de fuego]. Pégaso la mató y el valiente Belerofonte.
Ésta, amancebada con Orto, parió a la funesta Esfin- ge, ruina para los cadmeos, y al león de Nemea, al que Hera, célebre esposa de Zeus, crió y puso en los montes de Nemea, calamidad para los hombres. Allí devastaba las tribus de hombres que habitaban el lugar y era dueño de Treto, Nemea y Apesante. Pero lo mató el vigor del fornido Heracles.
Ceto, en contacto amoroso con Forcis, alumbró por último un terrible reptil que en sombrías grutas de la tierra, allá en los extremos confines, guarda manzanas completamente de oro.
Ésta es la estirpe de Ceto y Forcis.
Tetis con el Océano parió a los
Hijos voraginosos Ríos: el Nilo, el Al- de Tetis feo, el Erídano de profundos re- y Océano
molinos, el Estrimón, el Meandro, el Istro de bellas corrientes, el Fasis, el Reso, el Aqueloo de plateados remolinos, el Neso, el Rodio, el Haliacmón, el Heptáporo, el Gránico, el Esepo y el divino Simunte, el Péneo, el Hermo, el Ceco de bella corriente, el largo Sangario, el Ladón, el
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Partenio, el Eveno, el Ardesco y el divino Escamandro '.
Tuvo también una sagrada estirpe de hijas que por la tierra se encargan de la crianza de los hombres, en compañía del soberano Apolo y de los Ríos y han reci- bido de Zeus este destino: Peito, Admeta, Yanta, Elec- tra, Doris, Primno, la divinal Urania, Hipo, Clímena, Rodea, Calírroe, Zeuxo, Clitia, Idía, Pisítoa, Plexaura, la encantadora Galaxaura, Dione, Melóbosis, Toa, la bella Polidora, Cerceis de graciosa figura, Pluto ojos de buey, Perseis, Yanira, Acasta, Janta, la deliciosa Petrea, Me- nesto, Europa, Metis, Eurínome, Telesto de azafranado peplo, Criseida, Asia, la deseable Calipso, Eudora, Ty- che, Ánfiro, Ocírroe y Estigia, la que es más importante de todas ?.
18 Este catálogo es muy interesante por descubrirnos los cono- cimientos geográficos de Hesíodo.
Tres de estos ríos representan los límites del mundo cono- cido: Nilo, Fasis (orilla oriental del mar Negro) y Erídano (Po). De los restantes, abundan más los de Grecia y la Tróade: — Grecia: Aqueloo, Alfeo, Peneo, Ladón, Haliacmón y Eveno. — Asia Menor: Meandro, Hermo y Ceco.
— Tróade: Escamandro, Simunte, Esepo, Reso, Heptáporo, Ro- dio, Gránico. Todos se encuentran en la lista de ocho ríos que aparece en la Ilíada X1I 20-2. Se ha sospechado que Hesíodo pudiera haberlos recibido de Homero, pero algunas determinaciones y el orden diferente de Hesíodo parecen re- batir esa hipótesis.
— Tracia: Estrimón y Neso.
— Mar Negro: Istro, Aldesco, Sangario y Partenio.
1% Los nombres de las Oceánides corresponden a las mismas ideas que los de las Nereidas con las que en algunos casos coin- ciden: Peito (La persuasiva), Admeta (La indomable o La virgen), Yanta (Violácea), Electra (La de ámbar), Doris (La que regala), Primno (La que nace al pie de las montañas), Urania (Celestial), Hipo (La del caballo), Clímena (La celebrada), Rodea (La ro- sada), Calírroe (La de bellas corrientes), Zeuxo (La que une), Clitia (La ilustre), Idía (La experta), Pisíttoa (Rápida en persua- dir), Plexaura (Que golpea el agua), Galaxaura (La del agua como leche), Toa (La rápida), Melóbosis (Que apacienta el ganado), Polidora (De muchos regalos), Pluto (Riqueza), Janta (La rubia),
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Estas son las hijas más antiguas que nacieron del Océano y Tetis. Y aún hay otras muchas; pues son tres mil las Oceánides de finos tobillos que, muy repartidas, por igual guardan por todas partes la tierra y las pro- fundidades de las lagunas, resplandecientes hijas de diosas. Y otros tantos los ríos que corren estrepitosa- mente, hijos del Océano, a los que alumbró la augusta Tetis. ¡Arduo intento decir un mortal el nombre de to- dos ellos! Mas conocen cada uno en particular a aque- llos que habitan sus riberas.
Tea dio a luz al alto Helios, la Hijos de Tea brillante Selene, y Eos que alum- EBeRon bra a todos los seres de la tierra y los inmortales dioses que habi- tan el vasto cielo, entregada al amor de Hiperión. Euribia, divina entre diosas, pa- Hijos de Crío rió en contacto amoroso con Crío, y Euribia al poderoso Ástreo, a Palante y a Perses que se distinguió entre todos por su sabiduría.
Con Astreo, Eos parió a los impetuosos vientos, el despejador Céfiro, el Bóreas de rápida marcha y el Noto, acostada amorosamente la diosa con el dios. Des- pués de ellos, la Hija de la Mañana dio a luz al lucero
Petrea (La rocosa), Metis (Inteligencia), Eurínome (La de vasto prado), Telesto (Perfecta), Criseida (De oro), Calipso (La ocul- ta), Eudora (La que da prosperidad), Tyche (Suerte), Anfiro (Que envuelve en corrientes), Ocírroe (De rápida corriente).
De las restantes, no se conoce la etimología de Dione (esposa de Zeus), de Cerceis ni de Acasta; Menesto puede referirse a la raíz de «espíritu» O «vigor» y Estigia se coloca en último lugar por ser la más importante en cuanto juramento de los dioses. Perseis se relaciona con Oriente igual que Doris, según TH. PH. FELDMAN («Personification...», 12), con los Dorios y Yaneira con los Jonios, siendo todos ellos nombres geográficos a los que hay que unir el de Europa.
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Eósforo, las brillantes estrellas y todo cuanto corona el cielo.
Estigia, hija del Océano, parió en su palacio unida con Palante, a Celo y Nike de bellos tobillos, y dio vida también a Cratos y Bía, hijos muy señalados. No está su morada lejos de Zeus ni existe lugar alguno ni cami- no donde no gobierne el dios mediante aquéllos, sino que siempre se sientan al lado de Zeus gravisonante.
Así lo planeó Estigia, inmortal Oceánide, aquel día, cuando el fulminador Olímpico convocó a todos los in- mortales dioses en el elevado Olimpo y dijo que a nin- guno de los dioses que lucharan a su lado contra los Titanes le mermaría honores, sino que cada cual con- servaría al menos el rango de antes entre los dioses inmortales. Y aseguró que si alguien había sido des- honrado y privado de dignidad por Cronos, accedería al rango y dignidades que es legítimo.
Marchó entonces la primera la inmortal Estigia al Olimpo en compañía de sus hijos, por solicitud hacia su padre. Y Zeus la honró y le otorgó excelentes pre- mios; pues determinó que ella fuera juramento solem- ne de los dioses y que sus hijos convivieran con él por todos los siglos. Así como lo prometió ante todos, así lo cumplió siempre. Y él goza de gran poder y soberanía.
A su vez Febe visitó el lecho
Hijos de Febe muy deseable de Ceos. Y preñada
y Ceos luego la diosa en el abrazo con el
dios, parió a Leto de azulado pe-
plo, siempre dulce, benévola con
hombres y dioses inmortales, dulce desde su origen, y la
más amable dentro del Olimpo. También dio a luz a la
renombrada Asteria que un día se llevó Perses a su es- pléndido palacio para llamarse esposa suya.
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Embarazada ésta, parió a Hé- cate, a la que Zeus Crónida honró á sobre todos y le procuró espléndi-
Hécate dos regalos, la suerte de partici-
par en la tierra y el mar estéril.
Ella también obtuvo en lote la dignidad que confiere
el estrellado cielo y es especialmente respetada por los dioses inmortales.
Todavía ahora, cuando alguno de los hombres de la tierra propicia, celebra magníficos sacrificios según costumbre, invoca repetidamente a Hécate.
Muy fácilmente obtiene gran honor aquel cuyas sú- plicas acepta complaciente la diosa, y le concede pros- peridad puesto que está en su mano. Pues cuantos na- cieron de Gea y Urano y obtuvieron honras, ella posee el lote de todos ellos.
En nada la maltrató el Crónida ni tampoco le quitó nada de lo que recibió en suerte entre los primeros dioses, los Titanes; sino que sus atribuciones son las mismas que tuvo desde el principio. Y no por unigénita la diosa obtuvo en lote menos dignidad [...]”?, sino to- davía mucho más aún, puesto que Zeus la respeta.
Al que ella quiere, grandemente le asiste y ayuda; en el juicio se sienta junto a los venerables reyes, y en el ágora hace destacar entre la gente al que ella quiere. O cuando armados de coraza marchan los varones hacia la guerra destructora de hombres, allí la diosa asiste a los que quiere concederles la victoria y encumbrarles de gloria.
Es capaz de asistir a los nobles que quiere y con igual capacidad, cuando los jóvenes compiten en juegos, allí los asiste y ayuda la diosa; y el vencedor en fuerza y ca-
Himno
2 Verso 427: [y privilegios en la tierra, en el cielo y en el mar].
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pacidad, fácilmente y contento se lleva un magnífico premio y proporciona gloria a sus padres.
A los que trabajan en el mar intransitable y elevan sus súplicas a Hécate y al resonante Ennosigeo?!, fácil. mente la ilustre diosa les concede abundante pesca y fácilmente 2 se la quita cuando parece segura si así lo desea en su corazón.
Es capaz de aumentar el ganado en los establos jun- to con Hermes, y en cuanto a las manadas de bueyes, los extensos rebaños de cabras y las majadas de lanudas ovejas, si así lo desea en su corazón, multiplica los pe- queños y disminuye los numerosos.
Así, aunque es unigénita, de madre, goza de gran res- peto entre todos los Inmortales por sus prerrogativas. [El Crónida la hizo criadora de los jóvenes que des- pués de ella vieron la luz de la Aurora que a muchos alumbra. Y así, desde siempre, es criadora de la juven- tud y estas son sus atribuciones] 3.
2 Epíteto de Posidón que significa «El que conmueve la tierra».
2 La repetición de esta palabra, referida a los dioses, es sig- nificativa. Si excluimos la cualidad divina de la Inmortalidad, la oposición entre hombres y dioses —antropomórficos— es sólo una cuestión de grado: Su conducta es la misma y las si- tuaciones en que intervienen son semejantes; pero los dioses tienen más fuerza, más sabiduría y más poder; en una palabra, lo hacen todo más fácilmente que los hombres (Cf. M. P. NiLssoN, A History of Greek Religion = Historía de la Religión Griega [trad. A. GAMERRO]J, Buenos Aires, 1968 ?, pág. 200). Tam- bién encontramos aplicado este adverbio a las acciones de Zeus al comienzo de los Trabajos.
2 Los versos 410-452 están dedicados a una diosa, Hécate, cuyo nombre sólo aparece otra vez en Hesíodo, en las Grandes Eeas.
La independencia estructural del himno en relación con el resto de la Teogonía, algunas particularidades lingiíísticas y la personalidad de la diosa, han hecho dudar a ciertos críticos (Bi- bliografía en M. L. West, Theogony, págs. 2716-80) de la autenti- cidad del pasaje; sin embargo, otros autores, entre ellos P. Ma- ZON (Hésiode..., págs. 21-3), y M. L. WesrT (1. c.) han defendido
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Rea, entregada a Cronos, tuvo famosos hijos: Histia, Hera de
Hijos y ñ de Rea áureas sandalias, el poderoso Ha- y Cronos des que reside bajo la tierra con
implacable corazón, el resonante Ennosigeo y el prudente Zeus, padre de dioses y hom- bres, por cuyo trueno tiembla la anchurosa tierra.
la atribución de estos versos a Hesíodo. Los argumentos lin- giiísticos recogidos por G. S. KIRK («The structure and aim of the Theogony», Hésiode et son influence, Entretiens... 7, Géno- va, 1960) en contra de la autenticidad, han sido rebatidos pos- teriormente por WesT que atribuye las diferencias con el resto del poema al tono hímnico de estos versos.
En cuanto al tratamiento de la diosa, sus rasgos quedan muy lejos de los que tendrá la Hécate posterior ligada a los círculos órficos y al mundo de la magia. La diosa de Hesíodo se parece más a la Gran Madre minoica o a la Reina de las bestias que vemos en Ilíada XXI 470 (cf. P. Mazon, Hésiode..., pág. 22).
No cabe duda que el himno se debe a un sacerdote o un devoto del culto a Hécate; pero, ¿no pudo ser el propio Hesíodo ese devoto? Según reza un escolio citado por Mazon, «Hesíodo alaba a Hécate como beocio porque Hécate es venerada en Beocia» y la verdad es que si bien la autoridad de un escolio no es definitiva, existen otros indicios que hacen verosímil la existencia de un culto en Beocia antes del 700 a. C. a una diosa con los rasgos de la Hécate hesiódica.
Efectivamente, en un ánfora beocia del vrir a. C. encontramos dibujada una diosa que extiende sus brazos sobre unos pájaros, unos animales y un gran pez, simbolizando su poder sobre el cielo, el mar y la tierra.
Asia Menor conoce desde antiguo su culto y en Samos se adoraba a una Hécate nutridora de la juventud (P. MAZON, pá- gina 23) como la de Hesíodo. Siendo así, el poeta pudo conocer el culto de la diosa a través de su padre que como comerciante pudo tener noticias de ella, según West (pág. 278) en Mileto, donde se encuentran los vestigios arqueológicos más antiguos de su religión.
Sobre la conexión que hace WesT entre este himno y la es- tancia de Hesíodo en Calcis, así como nuestra crítica a sus ar- gumentos, remitimos a nuestra ya citada traducción de Hesíodo (págs. 86-7).
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A los primeros se los tragó el poderoso Cronos según iban viniendo a sus rodillas desde el sagrado vientre de su madre, conduciéndose así para que ningún otro de los ilustres descendientes de Urano tuviera dignidad real entre los Inmortales. Pues sabía por Gea y el es- trellado Urano que era su destino sucumbir a manos de su propio hijo, por poderoso que fuera, víctima de los planes del gran Zeus. Por ello no tenía descuidada la vigilancia, sino que, siempre al acecho, se iba tragan- do a sus hijos; y Rea sufría terriblemente.
Pero cuando ya estaba a punto de dar a luz a Zeus, padre de dioses y hombres, entonces suplicó en seguida a sus padres, [los de ella, Gea y el estrellado Urano], que le ayudaran a urdir un plan para tener oculta- mente el parto de su hijo y vengar las Erinias de su padre [y de los hijos que se tragó el poderoso Cronos de mente retorcida].
Aquéllos escucharon atentamente a su hija y la obe- decieron; la pusieron ambos al corriente de cuanto es- taba decretado que ocurriera respecto al rey Cronos y a su intrépido hijo, y la enviaron a Licto, a un rico pueblo de Creta, [cuando ya estaba a punto de parir al más joven de sus hijos, el poderoso Zeus. A éste le re- cogió la monstruosa Gea para criarlo y cuidarlo en la espaciosa Creta].
Allí se dirigió, llevándole, al amparo de la rápida * negra noche, en primer lugar, a Licto. Le cogió en sus brazos y le ocultó en una profunda gruta, bajo las en- trañas de la divina tierra, en el monte Egeo de densa arboleda. Y envolviendo en pañales una enorme piedra, la puso en manos del gran soberano Uránida, rey de los primeros dioses. Aquél la agarró entonces con sus ma- nos y la introdujo en su estómago, ¡desgraciado! No
4 Se la llama rápida porque cae muy pronto, particularmente en los países meridionales.
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advirtió en su corazón que, a cambio de la piedra, se le quedaba para el futuro su invencible e imperturba- ble hijo, que pronto, venciéndole con su fuerza y sus propias manos, iba a privarle de su dignidad y a reinar entre los Inmortales.
Rápidamente crecieron luego el vigor y los hermosos miembros del soberano. Y al cabo de un año echó fuera de nuevo su prole el poderoso Cronos de mente retor- cida, engañado por las hábiles indicaciones de Gea, [vencido por la habilidad y fuerza de su hijo]. Primero vomitó la piedra, última cosa que se tragó; y Zeus la clavó sobre la anchurosa tierra, en la sacratísima Pitia, en los valles del pie del Parnaso, monumento para la posteridad, maravilla para los hombres mortales.
Libró a sus tíos paternos de sus dolorosas cadenas, <a los Uránidas Brontes, Estéropes y el vigoroso Arges >, a los que insensatamente encadenó su padre; aquéllos le guardaron gratitud por sus beneficios y le
regalaron el trueno, el llameante rayo y el relámpago;
antes los tenía ocultos la enorme Gea, y con ellos se- guro gobierna a mortales e inmortales.
Jápeto se llevó a la joven Clí-
Hijos mene, Oceánide de bellos tobillos
de Jápeto y subió a su mismo lecho. Ésta
y Clímene le dio un hijo, el intrépido Atlas,
y parió al muy ilustre Menetio,
al mañoso y astuto Prometeo y al torpe Epimeteo, que fue desde un principio siempre ruina para los hombres que se alimentan de pan. Pues él por primera vez acep- tó una joven mujer modelada por Zeus.
Al violento Menetio, Zeus de amplia mirada le hundió en el Érebo, alcanzándole con el ardiente rayo, por su insolencia y desmedida audacia.
Atlas sostiene el vasto cielo a causa de una imperiosa fatalidad allá en los confines de la tierra, a la entrada del país de las Hespérides de fina voz, [apoyándolo en
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su cabeza e infatigables brazos]; pues esta suerte le asignó como lote el prudente Zeus.
A Prometeo abundante en recursos le ató con irrom- pibles ligaduras, dolorosas cadenas, que metió a través de una columna y lanzó sobre él su águila de amplias alas. Ésta le comía el hígado inmortal y aquél durante la noche crecía por todas partes en la misma propor- ción que durante el día devoraba el ave de amplias alas. [La mató Heracles, ilustre hijo de Alcmena de bellos tobillos y libró de su horrible tormento al Jape- tónida, dando fin a sus inquietudes no sin el consenti- miento de Zeus Olímpico que reina en las alturas, sino para que la fama de Heracles, nacido en Tebas, fuera mayor todavía que antes sobre la tierra fecunda.
Por estos anhelos favorecía a su muy ilustre hijo y, aunque irritado, calmó la cólera que antes tenía desde que Prometeo combatió la voluntad del muy poderoso Cronión.]
Ocurrió que cuando dioses y
Mito hombres mortales se separaron
de Prometeo en Mecona, Prometeo presentó un
enorme buey que había dividido
con ánimo resuelto, pensando en-
gañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un lado, en la
piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas
en el vientre del buey. De otro, recogiendo los blancos
huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubrién- dolos de brillante grasa.
Entonces se dirigió a él el padre de hombres y dioses:
«¡Japetónida, el más ilustre de todos los dioses, ami- go mío, cuán parcialmente hiciste el reparto de lotes!»
Así habló en tono de burla Zeus, conocedor de inmor- tales designios. Le respondió el astuto Prometeo con una leve sonrisa y no ocultó su falaz astucia:
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«¡Zeus, el más ilustre y poderoso de los dioses sempi- ternos! Escoge de ellos el que en tu pecho te dicte el corazón.»
Habló ciertamente con falsos pensamientos. Y Zeus, sabedor de inmortales designios, conoció y no ignoró el engaño; pero estaba proyectando en su corazón desgra- cias para los hombres mortales e iba a darles cumpli- miento.
Cogió con ambas manos la blanca grasa. Se irritó en sus entrañas y la cólera le alcanzó el corazón cuando vio los blancos huesos del buey a causa de la falaz as- tucia. Desde entonces sobre la tierra las tribus de hom- bres queman para los Inmortales los blancos huesos cuando se hacen sacrificios en los altares. Y a aquél dí- jole Zeus amontonador de nubes, terriblemente indig- nado:
«¡Hijo de Jápeto, conocedor de los designios sobre todas las cosas, amigo mío, ciertamente no estabas olvi- dándote ya de tu falaz astucia!»
Así dijo lleno de cólera Zeus, conocedor de inmorta- les designios. Y desde entonces siempre tuvo luego pre- sente este engaño y no dio la infatigable llama del fuego a los fresnos %, [los hombres mortales que habitan so- bre la tierra]. Pero le burló el sagaz hijo de Jápeto es- condiendo el brillo que se ve de lejos del infatigable fuego en una hueca cañaheja.
Entonces hirió de nuevo el alma de Zeus altitonante y le irritó su corazón cuando vio entre los hombres el brillo que se ve de lejos del fuego. Y al punto, a cambio del fuego, preparó un mal para los hombres:
5 Seguimos la interpretación de los escoliastas y ponemos en relación este nombre con el origen de la Tercera Edad en Trab, 145. M. L. West cree que la palabra se refiere a los mitos según los cuales el fuego se encuentra dentro de los árboles, ya que surge por fricción entre dos maderos.
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Modeló de tierra el ilustre Patizambo una imagen con apariencia de casta doncella, por voluntad del Crónida. La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la adornó con vestido de resplandeciente blancura; la cu- brió desde la cabeza con un velo, maravilla verlo, bor- dado con sus propias manos; y con deliciosas coronas de fresca hierba trenzada con flores, rodeó sus sienes Palas Atenea. En su cabeza colocó una diadema de oro que él mismo cinceló con sus manos, el ilustre Pati- zambo, por agradar a su padre Zeus. En ella había artísticamente labrados, maravilla verlos, numerosos monstruos, cuantos terribles cría el continente y el mar; de ellos grabó muchos aquél, y en todos se respiraba su arte, cual seres vivos dotados de voz.
Luego que preparó el bello mal, a cambio de un bien, la llevó donde estaban los demás dioses y los hombres, engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, hija de poderoso padre; y un estupor se apoderó de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso engaño, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la estirpe de femeninas mujeres [...] *. Gran calamidad para los mortales, con los varones con- viven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad.
Como cuando en las abovedadas colmenas las abejas alimentan a los zánganos, siempre ocupados en misera- bles tareas —aquéllas durante todo el día hasta la pues- ta del sol diariamente se afanan y hacen blancos pana- les de miel, mientras ellos aguardando dentro, en los recubiertos panales, recogen en su vientre el esfuerzo ajeno—, así también desgracia para los hombres morta- les hizo Zeus altitonante a las mujeres, siempre ocupa- das en perniciosas tareas.
Verso 591: [pues de ella desciende la funesta estirpe y las tribus de mujeres].
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Otro mal les procuró a cambio de aquel bien: El que huyendo del matrimonio y las terribles acciones de las mujeres no quiere casarse y alcanza la funesta vejez sin nadie que le cuide, éste no vive falto de alimento; pero al morir, los parientes se reparten su hacienda. Y a quien, en cambio, le alcanza el destino del matrimonio y consigue tener una mujer sensata y adornada de re- cato, éste, durante toda la vida, el mal equipara cons- tantemente al bien. Y quien encuentra una mujer des- vergonzada, vive sin cesar con la angustia en su pecho, en su alma y en su corazón; y su mal es incurable.
De esta manera no es posible engañar ni transgredir la voluntad de Zeus; pues ni siquiera el Japetónida, el remediador Prometeo, logró librarse de su terrible có- lera, sino que por la fuerza, aunque era muy astuto, le aprisionó una enorme cadena ”.
" La historia de Prometeo en la Teogonía está formada por tres mitos etiológicos estrechamente ligados por la figura del Titán:
1) Por qué en los sacrificios los hombres se reservan la carne de las víctimas y dan a los dioses los huesos y grasa.
2) Cómo encontraron los hombres el fuego.
3) El origen de la mujer como ruina para los hombres.
El objetivo inicial de la historia es explicar el destino de Pro- meteo que como sus hermanos sufre un castigo que Zeus le impone por sus pecados. Pero a este objetivo se añade otro: explicar el origen del mal entre los hombres.
Pues bien, en nuestra opinión —ya expuesta anteriormente (Hesíodo..., págs. 87-96)— tanto Prometeo como Epimeteo repre- sentan a la Humanidad en sus aspectos respectivamente de in- sensata sabiduría e insensata torpeza. En la Teogonía Hesíodo trata esos dos aspectos como figuras divinas, hijos de Jápeto que reciben un castigo por sus pecados.
En el caso de Epimeteo ese castigo se dirige contra su tor- peza y por tanto la actitud del Cronida cuya justicia se trata de salvar, no requiere comentario; ahora bien, en el caso de Prometeo se castiga la sabiduría y esto sí requiere explicación. En consecuencia, Hesíodo destaca la figura importantísima de
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A Briareo, a Coto y a Giges,
cuando en un principio su padre
Titanomaquia se irritó con ellos en su corazón,
les ató con fuerte cadena receloso
de su formidable vigor, así como
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Prometeo que queda fuera de la estructura anillada de los Japé.- tidas:
Atlas (509) Meneceo (510) Prometeo (510) ——-—Epimeteo (511-14) Meneceo (514-16) Atlas (517-20) Prometeo (521-616)
(Esquema de W. NicoLar, Hesiods Erga..., pág. 207)
Y le dedica una larga historia que aprovecha tres mitos etioló- gicos para explicar la justicia de Zeus en este castigo. Como figura divina, Prometeo es encadenado a una roca y un águila le devora diariamente las vísceras. Como representante de la Huma- nidad, ésta también recibe un castigo de Zeus. El profesor Ruiz DE ELVIRA en un artículo titulado «Prometeo, Pandora y los orí- genes del hombre» (Cuadernos de Filología Clásica 3 (1971), 79- 108) se pregunta «por qué se hace responsable a los hombres» (pág. 98); pues bien, la respuesta nos la da el propio Hesíodo en Trab. 240 cuando dice: «Muchas veces hasta toda una ciudad carga con la culpa de un malvado cada vez que comete delitos o proyecta barbaridades».
Los pecados de Prometeo son dos y dos son igualmente los castigos que reciben los hombres:
— Primer pecado: Prometeo presume de su sabiduría al creer que engaña a Zeus.
— Primer castigo: Zeus no da el fuego.
— Segundo pecado: Prometeo roba el fuego a Zeus. La sabidu- ría humana se las ingenia para sustituir el fuego natural ne- gado por Zeus, por un fuego técnico; pero este robo represen- ta también una insensatez al transgredir la voluntad divina.
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bajo la tierra, permanecieron en lugar remoto, en los confines de la ancha tierra, por largo tiempo, muy an- gustiados y con su corazón lleno de terrible dolor. Mas el Crónida y los demás dioses inmortales que concibió Rea de hermosos cabellos en abrazo con Cronos, de nuevo los condujeron a la luz según las indicaciones de Gea. Pues ésta les explicó con todo detalle que con su ayuda conseguirían la victoria y brillante fama.
Ya hacía tiempo que luchaban soportando dolorosas fatigas enfrentados unos contra otros a través de vio- lentos combates, los dioses Titanes y los que nacieron de Cronos; aquéllos desde la cima del Otris, los ilustres Titanes, y éstos desde el Olimpo, los dioses dadores de bienes a los que parió Rea de hermosos cabellos acos- tada con Cronos.
Por entonces, enfrascados unos con otros en fatigosa lucha, llevaban ya combatiendo en conjunto más de diez años. Y no se veía solución de la dura contienda ni final a favor de unos o de otros, sino que el resultado de la guerra permanecía indeciso. Pero cuando Zeus ofreció a aquéllos todos los alimentos, [néctar y ambro- sía, que los propios dioses comen], creció en el pecho de todos ardorosa pasión, [cuando probaron el néctar y la deliciosa ambrosía].
Como dice P. VERNANT (Mito..., pág. 244): «Es una astucia que coge a Zeus desprevenido».
— Segundo castigo: Creación de Pandora. De nuevo se castiga la insensata sabiduría de Prometeo, aunque ahora se hace a través de Epimeteo (la torpeza humana), con lo que el mal será irremediable. Es significativo que en Teogonía Hesíodo no insiste en el camino de este castigo, si bien alude a él en v. 513. Ello se debe a que el objetivo en este poema es explicar el destino de Prometeo como divinidad enfrentada a la sabiduría de Zeus, no del hombre como tal. Así la histo- ria de Pandora aquí sólo interesa como castigo por el pecado del Titán, mientras que en Trabajos, como veremos, el obje- tivo es explicar el origen del mal radicando en la torpeza humana, y la historia pasa allí a un primer plano.
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Entonces ya les habló el padre de hombres y dioses:
«¡Escuchadme, ilustres hijos de Gea y Urano, para que os diga lo que me dicta el corazón en mi pecho! Por largo tiempo ya enfrentados unos con otros, lucha- mos todos los días por la victoria y el poder los dioses Titanes y los que nacimos de Cronos. Pero mostrad vos- otros vuestra terrible fuerza e invencibles brazos contra los Titanes en funesta lucha, recordando nuestra dulce amistad y cómo después de tantos tormentos % bajo do-
22 P. Mazon, a juicio de WesT correctamente, entiende el par- ticipio pathóntes en buen sentido y lo refiere al regreso de los Uránidas a la luz: «Pensad en demostrad vuestra leal amistad, vosotros que debéis sólo a nuestra voluntad la felicidad de volver a ver la luz, libres de una cruel prisión en el fondo de la tenebrosa tiniebla».
En cambio, a favor de la traducción adoptada por nosotros (también EVELYN-WHITE), encontramos un argumento de índole estilística. Gracias al juego de pausas y cesuras, vemos que los versos 651-3 y 658-660 se pueden dividir en dos partes de las que la primera insiste en la actuación de Zeus y la segunda en el sufrimiento de los Hecantóquiros. Puesto que el participio en cuestión pertenece a la segunda parte, debemos referirlo al mun- do de las tinieblas y no a la acción de Zeus. Veamos la es- tructura:
651 Recordando // nuestra dulce amistad / / y cómo después de tantos tormentos 652 de nuevo vinisteis a la luz / /
bajo dolorosa cadena
653 E decisión nuestra //
saliendo de la oscura tiniebla Por tu sabiduría // | saliendo de aquella oscura tiniebla
659 de nuevo // entre inexorables cadenas
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660 regresamos // ¡soberano hijo de Cronos! // después de sufrir desesperantes tormentos
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lorosa cadena, de nuevo vinisteis a la luz saliendo de la oscura tiniebla por decisión nuestra.»
Así dijo y al punto a su vez le respondió el intachable Coto:
«¡Divino! No nos descubres cosas ignoradas, sino que también nosotros sabemos cuán excelentes son tus pen- samientos y tu inteligencia. Paladín fuiste para los In- mortales de una cruel contienda y por tu sabiduría re- gresamos de nuevo saliendo de aquella oscura tiniebla, ¡soberano hijo de Cronos!, después de sufrir desespe- rantes tormentos entre inexorables cadenas. Por ello
Las divisiones corresponden a las siguientes cesuras:
651: Triemímera y diéresis bucólica. La trocaica separa las palabras amistad dulce contribuyendo a resaltar su valor significativo.
652: Trocaica. También hay triemímera que destaca la idea de luz y regreso. La estructura sería: «hacia la luz de nue- vo // vinisteis / /.
653: Trocaica. La triemímera separa el adjetivo nuestra y el sustantivo decisión.
658: Trocaica.
659: Trocaica. Hay triemímera que separa las palabras otra vez (traducida por nosotros en regresamos) y de nuevo.
660: Triemímera y heptemímera. Existe también trocaica en esta posición «de Cronos hijo // soberano» que sólo sir- ve para dar mayor fuerza al vocativo.
Así, pues, reuniendo las partes primera y segunda respectiva-
mente de los 6 versos, obtendremos 2 unidades de perfecto sentido que recogen las ideas centrales del pasaje:
1) Idea de regreso a la luz: Zeus: «Recordando nuestra dulce amistad: De nuevo vol- visteis a la luz, por decisión nuestra». Coro: «Por tu sabiduría de nuevo regresamos, ¡soberano hijo de Cronos!».
2) Idea del sufrimiento: ZEUS: «(Recordando) cómo después de tantos tormentos bajo dolorosa cadena (salisteis) de la oscura tiniebla». Coro: «(Salimos) de la oscura tiniebla, entre inexorables cadenas después de sufrir desesperantes tormentos». Todo ello amalgamado en una perfecta estructura de anillo.
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también ahora, con corazón firme y resuelta decisión, defenderemos vuestro poder en terrible batalla luchan- do con los Titanes a través de violentos combates.»
Así habló. Aplaudieron los dioses dadores de bienes al escuchar sus palabras, y su espíritu anhelaba la gue- rra con más ansia todavía que antes. Provocaron aquel día una lucha terrible todos, hembras y varones, [los dioses Titanes y los que nacieron de Cronos] y aque- llos a los que Zeus, sumergidos en el Érebo bajo la tierra, trajo a la luz, terribles, violentos y dotados de formidable vigor. Cien brazos salían agitadamente de sus hombros, para todos igual, y a cada uno cincuenta cabezas le nacían de los hombros, sobre robustos miembros.
Aquéllos entonces se enfrentaron a los Titanes en fu- nesta lucha, con enormes rocas en sus robustas manos. Los Titanes, de otra parte, afirmaron sus filas resuelta- mente. Unos y otros exhibían el poder de sus brazos y de su fuerza. Terriblemente resonó el inmenso ponto y la tierra retumbó con gran estruendo; el vasto cielo gimió estremecido y desde su raíz vibró el elevado Olimpo por el ímpetu de los Inmortales. La violenta sa- cudida de las pisadas llegó hasta el tenebroso Tártaro, así como el sordo ruido de la indescriptible refriega y de los violentos golpes. ¡De tal forma se lanzaban re- cíiprocamente funestos dardos! La voz de unos y otros llamándose llegó hasta el estrellado cielo y aquéllos cho- caron con enorme alalá ?.
Ya no contenía Zeus su furia, sino que ahora se inun- daron al punto de cólera sus entrañas y exhibió toda su fuerza. Al mismo tiempo, desde el cielo y desde el Olimpo, lanzando sin cesar relámpagos, avanzaba sin detenerse; los rayos, junto con el trueno y el relámpago,
2 Grito de guerra.
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volaban desde su poderosa mano, girando sin parar su sagrada llama.
Por todos lados resonaba la tierra portadora de vida envuelta en llamas y crujió con gran estruendo, envuel- to en fuego, el inmenso bosque. Hervía la tierra toda y las corrientes del Océano y el estéril ponto. Una ar- diente humareda envolvió a los Titanes nacidos del sue- lo y una inmensa llamarada alcanzó la atmósfera divina. Y cegó sus dos ojos, aunque eran muy fuertes, el cente- Jleante brillo del rayo y del relámpago.
Un impresionante bochorno se apoderó del abismo y pareció verse ante los ojos y oírse con los oídos algo igual que cuando se acercaron Gea y el vasto Urano desde arriba. Pues tan gran estruendo se levantó cuan- do, tumbada ella, aquél se precipitó desde las alturas.
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[ ¡Tanto estruendo se produjo al chocar los dioses en 705
combate! ]
Al mismo tiempo, los vientos expandían con estrépito la conmoción, el polvo, el trueno, el relámpago y el lla- meante rayo, armas del poderoso Zeus, y llevaban el griterío y el clamor en medio de ambos. Un estrépito impresionante se levantó y saltaba a la vista la violen- cia de las acciones. Declinó la batalla; pero antes, ata- cándose mutuamente, luchaban sin cesar a través de violentos combates.
Entonces aquéllos, Coto, Briareo y Giges insaciable de lucha, en la vanguardia provocaron un violento com- bate. Trescientas rocas lanzaban sin respiro con sus po- derosas manos y cubrieron por completo con estos pro- yectiles a los Titanes. Los enviaron bajo la anchurosa tierra y los ataron entre inexorables cadenas después de vencerlos con sus brazos, aunque eran audaces, tan hon- dos bajo la tierra como lejos está el cielo de la tierra; [esa distancia hay desde la tierra hasta el tenebroso Tár- taro]. Pues un yunque de bronce que bajara desde el cielo durante nueve noches con sus días, al décimo lle-
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garía a la tierra [...]%, e igualmente un yunque de bronce que bajara desde la tierra durante nueve noches con sus días, al décimo llegaría al Tártaro.
En torno a él se extiende un muro de bronce y una oscuridad de tres capas envuelve su entrada; encima además nacen las raíces de la tierra y del mar estéril.
Allí los dioses Titanes bajo una oscura tiniebla están ocultos por voluntad de Zeus amontonador de nubes en una húmeda región al extremo de la monstruosa tie- rra; no tienen salida posible: Posidón les puso encima broncíneas puertas y una muralla les rodea de ambos lados. Allí habitan también Giges, Coto y el valiente Briareo, fieles guardianes de Zeus portador de la égida.
Allí de la tierra sombría, del tenebroso Tártaro, del ponto estéril y del cielo estrellado están alineados los manantiales y términos hórridos y pútridos de todos, y hasta los dioses los maldicen. Enorme abismo: no se alcanzaría su fondo ni en todo un año completo, si an- tes fuera posible franquear sus puertas; sino que por aquí y por allá te arrastraría huracán ante huracán te- rrible. Horrendo, incluso para los dioses inmortales, este prodigio.
También se encuentran allí las terribles mansiones de la oscura Noche cubiertas por negruzcos nubarrones. Delante de ellas, el hijo de Jápeto sostiene el ancho cielo, apoyándolo en su cabeza e infatigables brazos, só- lidamente, allí donde la Noche y la Luz del día se acer- can más y se saludan entre ellas pasando alternativa- mente el gran vestíbulo de bronce. Cuando una va a entrar, ya la otra está yendo hacia la puerta, y nunca el palacio acoge entre sus muros a ambas, sino que siempre una de ellas fuera del palacio da vueltas por la tierra y la otra espera en la morada hasta que llegue
3% Verso 723a: [y a su vez igual desde la tierra al tenebroso Tártaro).
TEOGONÍA 105
el momento de su viaje. Una ofrece a los seres de la tierra su luz penetrante; la otra les lleva en sus brazos el Sueño hermano de la Muerte, la funesta Noche, en- vuelta en densa niebla.
Allí tienen su casa los hijos de la oscura Noche, Hip- nos y Tánato, terribles dioses; nunca el radiante He- lios les alumbra con sus rayos al subir al cielo ni al bajar del cielo. Uno de ellos recorre tranquilamente la tierra y los anchos lomos del mar y es dulce para los hombres; el otro, en cambio, tiene de hierro el corazón y un alma implacable de bronce alberga en su pecho. Retiene al hombre que coge antes, y es odioso incluso para los inmortales dioses.
Allí delante se encuentran las resonantes mansiones del dios subterráneo [del poderoso Hades y la temible Perséfone]; guarda su entrada un terrible perro, despia- dado y que se vale de tretas malvadas: a los que entran les saluda alegremente con el rabo y ambas orejas al mismo tiempo, pero ya no les deja salir de nuevo, sino que, al acecho, se come al que coge a punto de fran- quear las puertas.
Allí reside una diosa maldita para los Inmortales, la terrible Estigia, hija mayor del Océano que refluye en sí mismo. Lejos de los dioses habita un espléndido pala- cio con techo de enormes rocas; por todas partes se encuentra apoyado sobre plateadas columnas que llegan hasta el cielo.
Raramente, la hija de Taumante, Iris rápida de pies, frecuenta este lugar volando por los anchos lomos del mar. Cuando una disputa o querella se suscita entre los Inmortales, por si alguno de los que habitan las mansiones olímpicas falta a la verdad, Zeus encarga a Iris que traiga de lejos el gran juramento de los dioses en un recipiente de oro, el agua helada de mucho re- nombre que fluye de un alto y escarpado peñasco.
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En abundancia bajo la anchurosa tierra mana del río sagrado?! a través de la noche, brazo de Océano. Una décima parte al punto queda apartada; nueve, hacién- dolas girar en plateados remolinos por la tierra y los anchos lomos del mar, las precipita en la salada super- ficie. Y ésta solamente brota de aquel peñasco, azote terrible para los dioses.
El que de los Inmortales que habitan las nevadas cumbres del Olimpo jura en vano vertiéndola, queda tendido sin respiración hasta que se cumple un año; y no puede acercarse a la ambrosía, el néctar ni alimento alguno, sino que yace, sin aliento y sin voz, en revesti- dos lechos y le cubre un horrible sopor. Luego, cuando termine esta terrible enfermedad al cabo de un año, otra prueba aún más dura sucede a aquélla: por nueve años está apartado de los dioses sempiternos y nunca puede asistir al Consejo ni a los banquetes durante esos nueve años; al décimo, otra vez participa en las asambleas de los Inmortales que habitan las mansiones olímpicas.
¡Fal juramento hicieron los dioses al agua imperece- dera y antiquísima de la Estigia que atraviesa una re- gión muy áspera!
[AIMlí de la tierra sombría, del tenebroso Tártaro, del ponto estéril y del cielo estrellado están alineados los manantiales y términos hórridos y pútridos de todos, y hasta los dioses los maldicen.]
[Allí hay relucientes puertas y un sólido broncíneo vestíbulo natural, asegurado con profundos cimientos. Delante, apartados de todos los dioses, viven los Titanes al otro lado del tenebroso abismo. Después, los ilustres servidores del muy resonante Zeus habitan palacios sobre las raíces del Océano, Coto y Giges; a Briareo,
r El Océano.
TEOGONÍA 107
por su nobleza, le hizo su yerno el gravisonante Enno- sigeo; le permitió desposar a su hija Cimopolea.
Luego que Zeus expulsó del cie-
a lo a los Titanes, la monstruosa Nacimiento ES 2s :
de Tifón Gea concibió su hijo más joven,
Tifón, en abrazo amoroso con
Tártaro preparado por la dorada
Afrodita. Sus brazos se ocupaban en obras de fuerza e
incansables eran los pies del violento dios. De sus hom-
bros salían cien cabezas de serpiente, de terrible dra-
gón, adardeando con sus negras lenguas. De los ojos
existentes en las prodigiosas cabezas, bajo las cejas,
el fuego lanzaba destellos y de todas sus cabezas bro-
taba ardiente fuego cuando miraba.
Tonos de voz había en aquellas terribles cabezas que dejaban salir un lenguaje variado y fantástico. Unas ve- ces emitían articulaciones como para entenderse con dioses, otras un sonido con la fuerza de un toro de po- tente mugido, bravo e indómito, otras de un león de sal- vaje furia, otras igual que los cachorros, maravilla oírlo, y otras silbaba y le hacían eco las altas montañas.
Y tal vez hubiera realizado una
hazaña casi imposible aquel día
Tifonomaquia y hubiera reinado entre mortales
e inmortales, de no haber sido
tan penetrante la inteligencia del
padre de hombres y dioses. Tronó reciamente y con
fuerza y por todas partes resonó la tierra, el ancho
cielo arriba, el ponto, las corrientes del Océano y los
abismos de la tierra. Se tambaleaba el alto Olimpo bajo
sus inmortales pies cuando se levantó el soberano y gemía lastimosamente la tierra.
Un ardiente bochorno se apoderó del ponto de azu- lados reflejos, producido por ambos y por el trueno, el relámpago, el fuego vomitado por el monstruo, los hura- canados vientos y el fulminante rayo. Hervía la tierra
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entera, el cielo y el mar. Enormes olas se precipitaban sobre las costas por todo alrededor bajo el ímpetu de los Inmortales y se originó una conmoción infinita. Tem- blaba Hades, señor de los muertos que habitan bajo la tierra, y los Titanes que, sumergidos en el Tártaro, ro- dean a Cronos, a causa del incesante estruendo y la ho- rrible batalla.
Zeus, después de concentrar toda su fuerza y coger sus armas, el trueno, el relámpago y el flameante rayo, le golpeó saltando desde el Olimpo y envolvió en llamas todas las prodigiosas cabezas del terrible monstruo. Luego que le venció fustigándole con sus golpes, cayó aquél de rodillas y gimió la monstruosa tierra. Fulmi- nado el dios, una violenta llamarada surgió de él cuan- do cayó entre los oscuros e inaccesibles barrancos de la montaña.
Gran parte de la monstruosa tierra ardía con terrible humareda y se fundía igual que el estaño cuando por arte de los hombres se calienta en el bien horadado crisol o el hierro que es mucho más resistente, cuando se le somete al calor del fuego en los barrancos de las montañas, se funde en el suelo divino por obra de He- festo; así entonces se fundía la tierra con la llama del ardiente fuego. Y le hundió, irritado de corazón, en el ancho Tártaro.
Son hijos de Tifón los recios E vientos de húmedo soplo, menos
Hijos ¿q de Titón Noto, Bóreas, Argesteo y Céfiro. Éstos descienden de los dioses y son de gran utilidad para los mortales. Las demás brisas soplan caprichosamente so- bre el mar: unas dejándose caer en el ponto sombrío, azote terrible para los mortales, se precipitan en fu- nesto vendaval y, unas veces en un lugar, otras en otro, con sus ráfagas destruyen las naves y hacen perecer a los navegantes. No hay escape del mal para los hom-
TEOGONÍA 109
bres que se topan con ellas en el ponto. [Otras en cambio, a lo largo de la tierra sin límites cubierta de flores arrasan los deliciosos campos de los hombres na- cidos en el suelo, llenándolos de polvo y de atroz con- fusión.]
Luego que los dioses bienaventurados terminaron sus fatigas y por la fuerza decidieron con los Titanes sus privilegios, ya entonces por indicación de Gea animaron a Zeus Olímpico de amplia mirada para que reinara y fuera soberano de los Inmortales. Y él les distribuyó bien las dignidades.
Zeus rey de dioses tomó como > primera esposa a Metis, la más Hijos ; :
de Zeus sabia de los dioses y hombres con diosas mortales. Mas cuando ya faltaba poco para que naciera la diosa Atenea de ojos glaucos, engañando astutamente su espí- ritu con ladinas palabras, Zeus se la tragó por indica- ción de Gea y del estrellado Urano. Así se lo aconseja- ron ambos para que ningún otro de los dioses sempl-
ternos tuviera la dignidad real en lugar de Zeus.
Pues estaba decretado que nacieran de ella hijos muy prudentes: primero, la doncella de ojos glaucos Trito- genia que iguala a su padre en coraje y sabia decisión; y luego, era de esperar que naciera un hijo rey de dio- ses y hombres con arrogante corazón. Pero Zeus se la tragó antes para que la diosa le avisara siempre de lo bueno y lo malo.
En segundo lugar, se llevó a la brillante Temis que parió a las Horas, Eunomía, Dike y la floreciente Eire- ne, las cuales protegen las cosechas de los hombres mortales, y a las Moiras, a quienes Zeus otorgó la ma- yor distinción, a Cloto, Láquesis y AÁtropo, que conce- den a los hombres mortales el ser felices y desgra- ciados.
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Eurínome, hija del Océano, de encantadora belleza, le dio las tres Gracias de hermosas mejillas, Aglaya, Eufrósine y la deliciosa Talía. [De sus párpados brota el amor que afloja los miembros cuando miran y bellas son las miradas que lanzan bajo sus cejas.]
Luego subió al lecho de Deméter nutricia de muchos. Ésta parió a Perséfone de blancos brazos, a la que Edoneo arrebató del lado de su madre; el prudente Zeus se la concedió.
También hizo el amor a Mnemósine de hermosos ca- bellos y de ella nacieron las nueve Musas de dorada frente a las que encantan las fiestas y el placer del canto.
Leto parió a Apolo y a la flechadora Artemis, prole más deseable que todos los descendientes de Urano, en contacto amoroso con Zeus portador de la égida.
En último lugar tomó por esposa a la floreciente Hera; ésta parió a Hebe, Ares e Ilitía en contacto amo- roso con el rey de dioses y hombres.
Y él, de su cabeza, dio a luz a Atenea de ojos glau- cos, terrible, belicosa, conductora de ejércitos, inven- cible y augusta, a la que encantan los tumultos, gue- rras y batallas.
Hera dio a luz, sin trato amoroso —estaba furiosa y enfada con su esposo—, a Hefesto, que destaca entre todos los descendientes de Urano por la destreza de sus manos.
De Anfítrite y del resonante Ennosi- e geo nació el fornido y enorme Tritón
Hijos de ; ; Anfítrite-Posidón qUe, en las profundidades del mar, jun- y Afrodita-Ares to a su madre y soberano padre, habi- ta palacios de oro, terrible dios. A su vez, con Ares, perforador de escudos, Citerea concibió a los temibles Miedo y Terror, que ponen en confusión las compactas falanges de varones en la guerra san- grienta junto con Ares destructor de ciudades; y tam-
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bién a Harmonía, a quien el muy esforzado Cadmo hizo su esposa.
También con Zeus, la Atlántide Ma-
” ya parió al ilustre Hermes, heraldo de Otros hijos A de los Inmortales, subiendo al sagrado Zeus lecho.
Y la cadmea Sémele, igualmente en trato amoroso con él, dio a luz un ilustre hijo, el muy risueño Dioniso, un inmortal siendo ella mortal. Ahora ambos son dioses.
Alcmena parió al fornido Heracles en contacto amo- roso con Zeus amontonador de nubes.
A Aglaya, Hefesto, el muy ilustre pa-
a tizambo, siendo la más joven de las
Matrimonios ; , A
entre Gracias, la hizo su floreciente esposa. dioses Dioniso, el de dorados cabellos, a la rubia Ariadna hija de Minos la hizo su floreciente esposa; y la convirtió en inmortal y exenta de vejez el Cronión.
A Hebe, hija del poderoso Zeus y de Hera de dora- das sandalias, el bravo hijo de Alcmena de bellos to- billos, el fornido Heracles, al término de sus penosos trabajos, la hizo su venerable esposa en el nevado Olimpo. ¡Dichoso él, que, después de realizar una gran hazaña, entre los Inmortales vive sin dolor y exento de vejez por todos los siglos!
Con el incansable Helios, la ilustre Oceánide Perseis tuvo a Circe y al rey Eetes. Eetes, hijo de Helios que ilumina a los mortales, se casó con una hija del Océano, río perfecto, por decisión de los dioses, con Idía de hermosas mejillas. Ésta parió a Medea de bellos tobi- llos sometida a su abrazo por mediación de la dorada Afrodita.
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[Y ahora, ¡salud vosotros que habi- táis las mansiones olímpicas y también
Catálogo : de los vosotros, islas, continentes y salobre héroes ponto encajado entre ellos! ¡Celebrad,
Musas Olímpicas de dulces palabras, hijas de Zeus portador de la égida, la tribu de diosas que, acostadas con varones mortales, siendo inmortales dieron a luz hijos semejantes a dioses!
Deméter, divina entre diosas, parió al generoso Pluto en placentero abrazo con el héroe Yasio en un fértil campo en el rico país de Creta. Éste recorre toda la tierra y los anchos lomos del mar y a quien le encuen- tra, si se echa en sus brazos, le vuelve rico y le colma de prosperidad.
Con Cadmo, Harmonía, hija de la dorada Afrodita, tuvo a Ino, Sémele, Ágave de hermosas mejillas, Autó- noa, a la que desposó Aristeo de tupida cabellera, y a Polidoro en la bien coronada Tebas.
Calírroe, hija del Océano, unida con el valeroso Cri- saor en el amor de la muy dorada Afrodita, parió un hijo, el más violento de todos los mortales: Gerión, al que mató el fornido Heracles por sus bueyes de mar- cha basculante en Eritea rodeada de corrientes.
Con Titono, Eos dio a luz a Memnón de broncínea co- raza, rey de los etíopes y al héroe Ematión. Además, con Céfalo, concibió un hijo ilustre, el ilustre Faetón, varón semejante a los dioses. A él, joven, en la tierna flor de una noble juventud, niño de ingenuos pensa- mientos, la risueña Afrodita le levantó llevándoselo por los aires y le colocó en sus sagrados templos, servidor secreto de su santuario, genio divino.
A la hija de Eetes rey vástago de Zeus, el Esónida, por decisión de los dioses sempiternos, se la llevó del palacio de Eetes al término de las amargas pruebas que en gran número le impuso un rey poderoso y soberbio, el violento, insensato v osado Pelias. Cuando las llevó
TEOGONÍA 113
a cabo, volvió a Yolcos el Esónida, tras muchos sufri- mientos, conduciendo en su rápida nave a la joven de ojos vivos y la hizo su floreciente esposa.
Entonces ésta, poseída por Jasón, pastor de pueblos, dio a luz un hijo: Medeo, al que educó en las monta- ñas Quirón, hijo de Fílira. Y se cumplió por completo la voluntad de Zeus.
En cuanto a las hijas de Nereo, viejo del mar, Psá- mata, divina entre diosas, parió a Foco en abrazo con Éaco por mediación de la dorada Afrodita. Y la diosa Tetis de plateados pies, sometida a Peleo, dio a luz a Aquiles, destructor de hombres, furioso como un león.
A Eneas le parió Citerea de bella corona, en placen- tero contacto con el héroe Anquises en las cumbres azotadas por el viento del escabroso Ida.
Circe, hija del Hiperiónida Helios, en abrazo con el intrépido Odiseo, concibió a Agrio y al intachable y po- deroso Latino; también parió a Telégono por mediación de la dorada Afrodita. Éstos, muy lejos, al fondo de las islas sagradas, reinaban sobre los célebres Tirrenos.
Calipso, divina entre diosas, unida en placentero abra- zo con Odiseo, dio a luz a Nausítoo y Nausínoo.
Estas inmortales, acostadas con va- : rones mortales, dieron a luz hijos se- Proemio ? : al catálogo Mejantes a dioses. Y ahora, ¡celebrad de heroinas la tribu de mujeres, Musas Olímpicas de dulces palabras, hijas de Zeus por- tador de la égida!]
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TRABAJOS Y DÍAS
INTRODUCCIÓN
Valor literario de los «Trabajos y Días»
Los Trabajos y Días se han considerado siempre el poema más indiscutiblemente hesiódico, si bien algunos críticos niegan la autenticidad de determinados pasajes y en particular de los Días y la parte de contenido má- gico que los precede !.
Aparentemente el poema presenta una gran heteroge- neidad, lo que hizo a los críticos del XIx ver en él una fusión caótica de elementos variados sin ilación entre sus partes. No obstante, los diversos trabajos ? que en nuestro siglo contemplan la estructura del poema han
1 En la Antigiedad Aristarco atetizaba el Proemio (1-10) y Plutarco sospechaba de 654-662. En la actualidad plantean dudas los versos 50463 y sobre todo 724-59 y 765-final (Los Días) que WILAMOWITZ excluye de su edición.
2 B. A. VAN GRONINGEN, La composition littéraire archaique Grecque, 2. ed. Amsterdam, 1960. W. J. VERDENIUS, «Aufbau und Absicht des Erga», Hésiode et son influence. (Entretiens sur l'Antiquité Classique 7). Ginebra, 1960, págs. 111-70. P. WaLcor, «The composition of the Works and Days», Revue des Etudes Grecques 64 (1961), 1-19. K. KUMANIECKI, «The Structure of He- siod's Works and Days», Bulletin of the Institute of Classical Studies 10 (1963), 79-96. H. ScHwaABL, Hesiods Theogonie. Eine unitarische Analyse, Viena, 1966, y «Hesiodos», Real Encicl. Su- plemento XII (1970), 434-86.
116 OBRAS
venido a demostrar su perfecta unidad temática basa- da fundamentalmente en dos importantes ideas: Traba- jo y justicia.
La Teogonía hemos visto cómo era el poema desti- nado a celebrar la justicia divina de Zeus, causa del orden universal; nos mostraba aquel poema la historia de los dioses en un proceso progresivo que llevaba del caos a la ordenación del mundo. Pues bien, en los Tra- bajos también vemos a Zeus como garante de la justi- cia; pero al contemplar la realidad humana, esa con- cepción de Zeus plantea ineludiblemente al poeta la responsabilidad del mal en el mundo. Para explicar este problema Hesíodo recurre a tres mitos (el de Prome- teo, el de Pandora y el de las Edades) que le llevan a la conclusión de que el origen del mal radica en la pro- pia naturaleza humana, en su orgullosa sabiduría y en su torpe necedad e injusticia. Así, a diferencia del mundo divino, el de los hombres sigue un proceso de degradación que sólo se resolverá cuando Zeus resuelva poner justicia definitivamente entre los hombres3, Él no es la causa, sino el que impone ese castigo que me- recen los injustos o el premio que corresponde a los justos.
Ahora bien, Hesíodo llega a este planteamiento a par- tir de una situación real: Perses, su hermano, pretende entablar un juicio para quitar a Hesíodo su herencia y éste decide disuadirle advirtiéndole la necesidad de tra- bajar como único medio legítimo para eludir la pobreza y el hambre. Éste es el gran tema de los Trabajos. Jus- tificada por la existencia del mal la necesidad del tra- bajo, Hesíodo ofrece a Perses, con gran sentido realista y un perfecto conocimiento del mundo campesino, una serie de consejos de conducta social y un calendario de trabajos para obtener el máximo rendimiento a la tie-
3 Verso 273.
TRABAJOS Y DÍAS 117
rra. No olvida tampoco el poeta, aunque muestra poco interés por ello, el comercio naval como complemento a] cultivo de la tierra.
Esta síntesis perfecta de mitos, experiencias persona- les, tradiciones agrícolas y sabiduría popular, todo ello ligado con los procedimientos más arcaicos de la com- posición literaria (asociación de ideas y estructura de anillo) * hacen de los Trabajos un poema de alto valor literario y primordial en muchos aspectos”.
Problemática de los «Días»
Los versos 765-828, tradicionalmente conocidos como los Días por su contenido y estructura, han sido objeto de críticas que tratan de negar su autenticidad y uni- dad *. No obstante, ya en la Antigiedad Heráclito ? alude a ellos como de Hesíodo, y los argumentos formales más importantes en que se basan sus detractores (varie- dad de sistemas en el cómputo de los días y alteración
4 Cf. W. J. VERDENIUS, «L'Association des idées comme prin- cipe de composition dans Homére, Hésiode, Théognis», Revue des Etudes Grecques 63 (1960), 345-61, y B. A. VAN GRONINGEN, La composition...
5 La influencia, por ejemplo, de Hesíodo en la filosofía de los presocráticos es el tema de un artículo de H. DILLER, «He- siod und die Anfángen der griechischen Philosophie», Antike und Abendland 1 (1946), 140-51. Otros datos de esa importancia pue- den verse en el libro conjunto Hésiode et son influence, ya citado.
é£ F. SOLMSEN, «The Days of the Works and Days», Trans. and Proc. of Amer. Phil. Assoc. 94 (1963), 293-320 (repr. en Kleine Schriften 1, Hildesheim, 1968, págs. 2249). U. V. WILAMOWITZ- MOELLENDORF, Hesiodos Erga, 2.* ed. Berlín, 1962. M. P. NILSSON, «Die álteste griechische Zeitrechnung. Apollo und der Orient», Archiv fúr Religionswissenshaft 14 (1911), 423 ss. (repr. en Opus: cula selecta, 1, Lund, 1951, págs. 36 ss.).
7 PLUTARCO, Camilo X1X.
118 OBRAS
del orden inicial en que se citan éstos) son revertibles igualmente en favor de la unidad de dichos versos $.
En cuanto al carácter mágico-supersticioso normal- mente atribuido a los Días en oposición al valor racio- nal y lógico de los Trabajos, sin olvidar que sería ex- cesivo negar cualquier creencia de este tipo a un cam- pesino del siglo vItr-vII a. C. por muy racionalista que fuera, en gran parte es explicable en otro sentido: Como fruto de la lógica campesina y popular que ve en las fases lunares la clave para el comportamiento de per- sonas, animales y plantas y, por consiguiente, para el éxito de ciertas labores agrícolas o su fracaso.
De todos modos, argumentos de otra índole, nos incli- nan a atetizar como interpolación los versos 810-21.
Estructura de «Trabajos y Días»
pue .
Proemio: 1-10.
2. Introducción al tema: 1141. División de las Érides (11-26). Advertencias a Perses (27-41).
3. Justicia: Mitos y fábula: 42-285. Mito de Prometeo y Pan- dora (42-105). Mito de las Edades (106-201): Edad de oro (109- 26), Edad de Plata (127-42); Edad de Bronce (143-55); Edad de los Héroes (156-73); Edad de Hierro (174-201). Fábula del halcón y el ruiseñor (202-85): Fábula (2037-12); invitación a la justicia (21366); confianza del poeta en Zeus (267-73); con- clusión (274-85).
4. Introducción al tema del trabajo: 286-316.
5. Consejos: 317-80. De conducta social (317-67). De conducta
familiar (368-80).
* En este sentido la comunicación de A. PÉREZ JIMÉNEZ al V Congreso Nacional de Estudios Clásicos, «Unidad formal y sentido de los Días de Hesíodo», ampliada en un artículo («Los Días de Hesíodo: Estructura formal y análisis de contenido»), publicado en Emerita 45 (1977), 105-123.
TRABAJOS Y DÍAS 119
Calendario del labrador: 383-617. Introducción (383-404); Preparativos iniciales (405-13). Trabajos de Otoño (414-92). Trabajos de Invierno (493-563). Trabajos de Primavera (564- 81). Trabajos de Verano (582-617).
Calendario de la navegación: 618-944. Otoño (618-29). Navega- ción de verano (630-77). Navegación de primavera (667-94). Consejos: 695-705. De administración familiar (695-705). De conducta social y religiosa (706-59).
Conclusión: 7604.
Los Dias: 765-828.
Nuestra traducción
Igual que en la Teogonía seguimos como texto base la
edición de F. Solmsen, aunque en algunos puntos pro- blemáticos nos inclinamos por lecturas de otros edito- res, principalmente Mazon. Para cuestiones de interpre- tación nos han sido muy útiles en algunos casos las ediciones de T. A. Sinclair y A. Colonna.
Verso Lectura de Solmsen Lectura nuestra 107 éxmiotapévoc' émotápevos G. CALVO. 108 atetizado sin atetizar 120 falta en el texto incluido en texto SINCLAIR
(incluido en aparato
crítico) 122 S5aluovec «yvol émt- Salgovéc elos Atóc
x0ÓvioL teAéBo0vo0L peydádov 5id« BouAdc MAZON 173a-e en aparato crítico en texto MAzoN (169a-e) 293 52 aut rávta 58 aúvtócs távia MAZON 294 atetizado sin atetizar MAZON 296 avr voén arrtóc vogy MAZON 375 PLA TOOL ¿$nAñtpoiv MAzoN 437 atetizado desde túv sin atetizar MAZON
ydp 438 atet. hasta Exovte sin atetizar MAZON 437 punto tras diaradó- sin atetizar MAZON
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Verso Lectura de Solmsen Lectura nuestra 601.9 sin alteración de or- coma tras 4Aaradvóv MAZON den. 601, 606 a 608, 602 a 605, 609 WILAMOWITZ 725-59 atetizados sin atetizar MAZON 765-final atetizados sin atetizar MAZON 768 entre 769 y 770 sin alteración MAZON
19 GAyea: BuuofBopelv Ayza BupofBopeiv: MAZON
TRABAJOS Y DIAS
Musas de la Pieria!* que con vuestros
cantos prodigáis la gloria, venid aquí,
Proemio invocad a Zeus y celebrad con himnos
a vuestro padre. A él se debe que los
mortales sean oscuros y célebres; y por
voluntad del poderoso Zeus son famosos y desconoci- dos. Pues Zeus altitonante que habita encumbradas
1 El hecho de que Hesfodo dirija aquí su invocación a las Musas de la Pieria (región tracia donde se encuentra el Olim- po) y no a las del Helicón (monte de Beocia), que le iniciaron en la poesía (Teog. 22-34 y Trab. 662), ha servido de argumento a ciertos comentaristas de la Antigiiedad para rechazar la auten- ticidad de este Proemio.
Fue Praxífanes, peripatético discípulo de Teofrasto, quien a comienzos del siglo 111 a. C. visitó el Helicón y conoció un texto sobre plomo que los sacerdotes de las Musas mostraban al visitante como original de Hesíodo y en el cual faltaba el Proemio. Esta noticia fue transmitida luego por el alejandrino Aristarco para demostrar el carácter espurio de dichos versos y hay opiniones sobre que la experiencia similar que nos cuenta PAUSANIAS (1X 31) no es sino una apropiación de la vivida por Praxífanes que le habría llegado a través de Plutarco (Cf. P. MazonN, Hésiode..., pág. 81).
La crítica moderna, rechazando el texto de los sacerdotes gra- bado en plomo (material muy apropiado para falsificaciones), acepta sin discusión la autenticidad del Proemio. P. MAZON (pág. 37) explica la falsificación de los sacerdotes como una re-
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mansiones fácilmente confiere el poder, fácilmente hun- de al poderoso, fácilmente rebaja al ilustre y engran- dece al ignorado y fácilmente endereza al torcido y hu- milla al orgulloso.
Préstame oídos tú que todo lo ves y escuchas; resta- blece las leyes divinas mediante tu justicia, que yo tra- taré de poner a Perses en aviso de la verdad.
No era en realidad una sola la espe- cie de las Érides ?, sino que existen dos
División , de las sobre la tierra. A una, todo aquel que Erides logre comprenderla la bendecirá; la
otra, en cambio, sólo merece repro- ches. Son de índole distinta; pues ésta favorece la gue- rra funesta y las pendencias, la muy cruel. Ningún
clamación para las Musas de su culto del poema que Hesíodo había dedicado a las del Olimpo.
En cuanto a la falta de conexión temática entre estos versos y el resto del poema, argumentada por Crates en la Antigiiedad y en nuestra época por U. v. WILAMOWITZ, hay que atribuirla al carácter autónomo y formalizado de los proemios y exordios (cf. B. A. VAN GRONINGEN, La Composition..., pág. 68, y H. DILLER, «Die dichterische...», págs. 48-9).
El Proemio que comentamos encaja perfectamente en los es- quemas más antiguos de la lengua culta. W. NicoLar lo describe como «contaminación de Homero y otros proemios antiguos de los Himnos homéricos». (Hesiods Erga..., pág. 14). En efecto, la invocación a las Musas y el canto de gloria en honor de Zeus, también se encuentran en la llíada, la Odisea y los Himnos a Hermes y a Afrodita. La presentación del programa tal como se hace en el v. 10 es similar a la de Himno homérico X1I 17-9, e incluso la oposición de personas tú/yo de vv. 9-10 se utiliza igualmente en H. Apolo 545 y H. Afrodita 292.
2 Rectificación a Teog. 225, donde no se habla nada más que de la Eris mala. T. A. SINCLAIR niega que exista tal rectificación y explica el imperfecto é¿n como «fue y es todavía» basándose para ello en textos de la época clásica (Hesiod..., nota al verso). Sin embargo, en Homero el giro de que forma parte dicho im- perfecto tiene generalmente valor rectificativo por lo que hay que pensar en una alusión real a la Teogonta. Así lo aceptan casi
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mortal la quiere, sino que a la fuerza, por voluntad de los inmortales, veneran a la Eris amarga.
A la otra la parió primera la Noche tenebrosa y la puso el Crónida de alto trono que habita en el éter, dentro de las raíces de la tierra? y es mucho más útil para los hombres: ella estimula al trabajo incluso al holgazán; pues todo el que ve rico a otro que se des- vive en arar o plantar y procurarse una buena casa, está ansioso por el trabajo. El vecino envidia al vecino que se apresura a la riqueza —buena es esta Eris para los mortales—, el alfarero tiene inquina del alfarero y el artesano del artesano, el pobre está celoso del pobre y el aedo del aedo.
¡Oh Perses!, grábate tú esto en el corazón y que la Eris gustosa del mal no aparte tu voluntad del trabajo, preocupado por acechar los pleitos del ágora; pues poco le dura el interés por los litigios y las reuniones públicas a aquel en cuya casa se encuentra en abundan- cia el sazonado sustento, el grano de Deméter, que la tierra produce. Cuando te hayas provisto bien de él, en- tonces sí que puedes suscitar querellas y pleitos sobre haciendas ajenas.
Pero ya no te será posible obrar así por segunda vez; al contrario, resolvamos nuestra querella de acuerdo con sentencias justas, que por venir de Zeus son las mejores. Pues ya repartimos nuestra herencia y tú te llevaste robado * mucho más de la cuenta, lisonjeando
todos los críticos, como WILAMOWITZ, P. MaAzoN, F. SOLMSEN, W. J. VERDENIUS, M. L. WestT, H. DILLER y A. COLONNA.
3 P. MAZON da un valor temporal a esta metáfora: «junto con la creación del mundo». El sentido ético, como base del progreso humano, es recogido por A. COLONNA.
4 B. A. VAN GRONINGEN, apoyándose en este imperfecto al que da un valor de conato («intentabas llevarte»), piensa que el jui- cio entre Hesíodo y Perses no favoreció a éste: «Una formula- ción hipotáctica habría marcado la oposición y la corresponden- cia cronológica entre los dos: «Ya repartimos el patrimonio; no
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descaradamente a los reyes devoradores de regalos que se las componen a su gusto para administrar este tipo de justicia *. ¡Necios, no saben cuánto más valiosa es la mitad que el todo ni qué gran riqueza se esconde en la malva y el asfódelo! *.
obstante, tú te esforzaste después, aunque en vano, por robarme lo que me correspondió» («Hésiode et Perses», pág. 156).
Sin duda esta interpretación es sintácticamente indiscutible; pero el tono con que se refiere Hesíodo a los reyes y su justicia más bien inclina a pensar lo contrario. Si Perses continúa en su actitud de congraciarse a los reyes asistiendo a los pleitos del ágora para aplaudir sus decisiones es con la idea de un segundo pleito y no para conseguir lo que antes no consiguió. Por tanto, nos parece más adecuado ver en el imperfecto en cuestión un valor descriptivo cuyo objetivo esencial frente al aoristo es sub- rayar la idea que más afecta a Hesíodo y que echa en cara a su hermano: «Te llevaste más de la cuenta»; en cambio el ao- risto («ya repartimos») expresa el hecho de la división de la herencia sin ninguna connotación.
3 Sobre el sentido del término díké en este pasaje, editores y comentaristas de los Trabajos no se ponen de acuerdo.
De una parte, U. v. WILAMOWITZ, VAN GRONINGEN («Hésiod...», página 159) y W. NicoLarl (Hesiods Erga..., pág. 23) interpretan esta palabra como «proceso» para defender, salvo VAN GRo- NINGEN, la inminencia de un segundo litigio entre ambos her- manos.
A esta tesis se opone la traducción de P. MaAzoN («justicia») que, según él, tiene un sentido irónico en este contexto. En la misma dirección apuntan los argumentos de W. J. VERDENIUS en «Aufbau...»: falta en Homero del valor concreto de «proceso» para esta palabra. En cuanto a Hesíodo, la ausencia de ese sentido ha sido demostrada con amplio comentario por H. MUNDING, Hesiods Erga..., págs. 12-38. Se añade además el poco interés de Hesíodo en otro proceso y la falta de medios con que cuenta Perses para atraerse la voluntad de los reyes (cf. T. A. SINCLAIR, Hesiod..., nota).
$ La malva y el asfódelo eran conocidos en la Antigiiedad por su poder nutritivo (ARISTÓFANES, Pluto 544, PLinI0, 22,67). Así, los escoliastas refieren que Epiménides pasaba el día entero sin comer ni beber, sólo con un poco de malva y asfódelo. Amplia documentación puede verse en los artículos de STEIER (Real Encicl., XIV, 1930) y WaAGLER (Real Encicl., 11, 1896).
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Y es que oculto tienen los dioses el
dico sustento a los hombres; pues de otro
de Prometeo Modo fácilmente trabajarías un solo
y Pandora día y tendrías para un año sin ocuparte
en nada. Al punto podrías colocar el ti-
món sobre el humo del hogar y cesarían las faenas de los bueyes y de los sufridos mulos.
Pero Zeus lo escondió irritado en su corazón por las burlas de que le hizo objeto el astuto Prometeo; por ello entonces urdió lamentables inquietudes para los hom- bres y ocultó el fuego. Mas he aquí que el buen hijo de Jápeto lo robó al providente Zeus para bien de los hombres en el hueco de una cañaheja? a escondidas de Zeus que se goza con el rayo. Y lleno de cólera díjole Zeus amontonador de nubes:
«¡Japetónida conocedor de los designios sobre todas las cosas! Te alegras de que me has robado el fuego y has conseguido engañar mi inteligencia, enorme desgra- cia para ti en particular y para los hombres futuros. Yo a cambio del fuego les daré un mal con el que todos se alegren de corazón acariciando con cariño su propia desgracia.»
Así dijo y rompió en carcajadas el padre de hombres y dioses; ordenó al muy ilustre Hefesto mezclar cuan- to antes tierra con agua, infundirle voz y vida humana y hacer una linda y encantadora figura de doncella se- mejante en rostro a las diosas inmortales. Luego en- cargó a Atenea que le enseñara sus labores, a tejer la tela de finos encajes. A la dorada Afrodita le mandó ro- dear su cabeza de gracia, irresistible sensualidad y hala-
? La cañaheja o ferula communis es una planta umbelífera cuyo tallo tiene una médula blanca y seca en la que el fuego arde lentamente sin apagarse. Es hueca en este sentido (cf. PLiI- NIO, Nf. Hist. 13, 136)